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La Opinión del 'Chelís': ¿De quién es el futbol?

De un par de semanas a la fecha traigo en la cabeza, dando vueltas y vueltas, esta cuestión que, por increíble que parezca, jamás me había cuestionado. Desde mi experiencia profesional, considerándome un afortunado por pertenecer al honorable mundo del futbol, siempre había tenido la firme idea, plena convicción, que el futbol pertenece 100% a los futbolistas. Hoy, por gracias-desgracias de la vida, me he comenzado a cuestionar esta creencia que nunca creí estuviera en tela de juicio.

Si recordamos un poco nuestras primeras incursiones en este deporte, esos partidos con los vecinos en la colonia, o los duelos en los recesos de la escuela, quizá algún fin de semana con hermanos y primos jugando mientras lo papás comían, podríamos aseverar, sin temor a equivocarnos, que en ese entonces, el futbol (el juego) pertenecía al dueño del balón. Si el niño que llevaba el balón estaba siendo humillado por una terrible goliza, si era fauleado con alevosía y ventaja, o simplemente si no le gustaba como estaba conformado su equipo, todos los participantes sabíamos que era posible que el juego terminará en cualquier momento. Durante un recreo en el colegio, si el balón pertenecía a la Institución, cualquier profesor tenía el derecho de terminar el encuentro cuando quisiera, sin importar si el juego estaba empatado o si tu equipo estaba a punto de alzarse con el triunfo (cabía la posibilidad de que “el dueño del balón” te salvará de una dolorosa derrota). Haciendo memoria de estos momentos, mi idea de que el futbol, siempre (y únicamente) ha pertenecido a los futbolistas comienza a desvanecerse.

Pasa el tiempo y a este cuestionamiento también tengo que agregarle un poco de mi experiencia como entrenador. Está claro que nunca se ha visto a un DT haciendo un gol o ejecutando una asistencia, pero todos podríamos afirmar que sus decisiones, en la semana y durante el partido, tienen una incidencia directa en el juego. En infinidad de situaciones el aficionado va al estadio deseoso de ver algo, ilusionado, sentirse identificado por lo que “su equipo” presente en el terreno de juego, pero el entrenador tiene otros planes, el técnico determina que hay otras prioridades; entonces, el aficionado se desilusiona y su pasión es puesta a prueba. En definitiva, el entrenador, de forma progresiva y silenciosa (merecida-inmerecida, justa/injusta) también se ha hecho dueño de parte del balón.

Los aficionados, 100% seguro lo tenía, hubiera sido mi segunda respuesta hace unas semanas sobre a quién le pertenece el futbol. El futbol profesional pertenece a la industria del espectáculo, por esta sencilla razón: “hacer futbol” tiene como propósito satisfacer las necesidades del consumidor y, si no hay consumidor, supuestamente, no podría existir el negocio. Debido a la pandemia a la que el mundo se enfrenta, la industria del futbol se ha visto en la necesidad de suprimir, en parte, a sus consumidores de la ecuación para conservar el producto. Algunos piensan que partidos con estadios a puerta cerrada, sin aficionados, no es futbol, pero haciendo una cuenta sencilla podría afirmar que el futbolista profesional promedio ha jugado más del 50% de sus partidos (sumando amateur, formativo y profesional) con no más de 1,000 asistentes presentes. El futbol, perdiendo grandísima parte de su esencia, sin aficionados podría seguir existiendo.

De esta lista de involucrados, y otro de los posibles candidatos a proclamarse “dueños del balón” están los que ponen el dinero. Los que, por pasión, por oportunidad de negocio o por pertenecer a un selecto grupo de propietarios, ponen en juego su patrimonio para conseguir un beneficio que varía enormemente entre unos y otros, y que en la mayoría de casos, los demás involucrados nunca tienen claro. Los de este grupo son los que últimamente han recobrado mayor fuerza, el dinero ha ayudado a que el deporte se desarrolle, pero utilizarlo de forma ventajosa y sin respetar a cada una de las otras partes (futbolistas, aficionados, entrenadores) tendrá como consecuencia que nos alejamos cada vez más de la esencia del juego.

Nadie es dueño del balón, el balón quiere y tiene que ser de todos, el que se jacte de lo contrario será la vida (gran aficionada del futbol) la encargada de ponerlo en su lugar.