Manchester United se interpone entre Athletic y una final soñada

Athletic Club y Manchester United se enfrentan por la ida de las semifinales de la Europa League


Hay un argumento bastante válido para decir que el Athletic Club podría estar jugando esta temporada en la UEFA Champions League, en lugar de enfrentarse al Manchester United por un lugar en la final de la UEFA Europa League en Bilbao, si no hubiera sido por unas cuantas cervezas de más.

No hay ni una pizca de polémica ni sensacionalismo en esa afirmación. Es algo de lo que no se habla mucho, pero difícilmente se puede negar.

Exactamente hace un año, el Athletic ganó la Copa del Rey por primera vez en 40 años y luego celebraron a lo grande. Cuando llegó el día señalado (13 de abril), sacaron el viejo trofeo —enorme, por cierto— y lanzaron al agua la sagrada Gabarra en el río Nervión, la primera vez que navegaba por la ría de Bilbao desde 1984. Y los jugadores bebieron cerveza. En serio.

"Gabarra" simplemente significa "barcaza fluvial". Su uso como símbolo de celebración comenzó en 1983 tras la liga ganada por el Athletic y se repitió en 1984 con el doblete. Desde entonces, no había vuelto a zarpar. Pasó a ser una embarcación de carga y luego una pieza de museo, hasta que fue rescatada para la celebración de 2024.

Ese día la acompañaron 162 barcos en el río y un millón de aficionados en las orillas. Fue una auténtica armada rojiblanca. Cuando a un club se le impone la restricción de solo fichar y alinear jugadores nacidos o formados en el País Vasco, cada trofeo vale diez veces más que una celebración normal.

Las festividades fueron inmensas —una marea roja y blanca de masas vascas— y los jugadores de Ernesto Valverde se tomaron el desembarco de la Gabarra como los marineros siempre han entendido una escala en tierra: una oportunidad para bailar, cantar, beber y celebrar hasta que el último se rinda porque ya salió el sol.

Al día siguiente, había partido en San Mamés contra el Villarreal, fundamental para meterle presión al Atlético de Madrid en la pelea por el cuarto lugar.

Cuando el Submarino Amarillo se encontró con los marineros ebrios el 14 de abril, el Athletic ganaba 1-0 hasta el tiempo añadido, cansándose a cada minuto. La suerte no sonrió a los vascos: el árbitro pitó penalti tras un dominio sin recompensa ante un Villarreal que jugó con 10 gran parte del segundo tiempo.

Dani Parejo lo convirtió y el estadio, el entrenamiento y la ciudad entera se vinieron abajo.

"Desde que subimos a la Gabarra y durante ese viaje de dos horas y media hasta San Mamés, estuvimos tomando cerveza como animales", confesó Iñaki Williams en televisión días después. "La leyenda nos contaba cómo era esa experiencia, pero vivirla fue algo muy especial.

"Esa semana fue durísima; jugamos contra el Villarreal al día siguiente ¡y casi les ganamos aún borrachos! Solo empataron en el minuto 95… un penalti a la escuadra".

La resaca se prolongó hasta el siguiente partido en casa, que apenas empataron contra un Granada en zona de descenso. Esos cuatro puntos perdidos hicieron que el Athletic llegara a su visita al Atlético tres puntos abajo en lugar de uno por encima. Perdieron, y adiós. El cuarto puesto y la Champions se les escurrieron entre los mismos dedos que habían levantado la Copa días antes.

Hoy, nadie se queja.

El Athletic nunca ha ganado un trofeo europeo, y mucho menos se ha unido al exclusivo grupo de cuatro clubes (Real Madrid, Inter de Milán, Barcelona y Feyenoord) que han ganado una final europea de partido único en su propio estadio en los últimos 70 años. Eso es lo que los impulsa esta y la próxima semana: saber que su rival en semifinales, el Manchester United, es venerado, tiene historia… pero está en su camino.

Los dos clubes tienen varias cosas en común, aunque no la misma cantidad de trofeos.

Por ejemplo: ¿cuántos estadios tienen apodos que son igual de famosos que su nombre oficial? El United juega en el "Teatro de los Sueños"; el Athletic, en "La Catedral". El viejo San Mamés se inauguró en 1913, en unos terrenos que incluían un asilo y la antigua capilla de San Mamés. La leyenda local cuenta que alguien comentó: "Antes era una capilla, pero creo que ahora van a construir una catedral". Y así quedó.

El estadio tomó el nombre de la capilla —para distinguirlo del asilo— y, dado que los romanos arrojaron a San Mamés a los leones (según la leyenda, él los calmó predicándoles), desde hace 112 años el Athletic y sus jugadores son conocidos como “Los Leones”.

Y toda catedral necesita a alguien que dirija el culto. En este caso, ese es Valverde (apodado "Txingurri", que en euskera significa “hormiga”: pequeño e incansable).

Estuvo muy cerca de ser entrenador del Manchester United en 2021, tras el despido de Ole Gunnar Solskjær. Hubo pláticas, pero como suele pasar en el fútbol, las cosas no cuajaron.

Años después, Valverde le explicó a su amigo Lu Martín: "Hubiera ido a Inglaterra, pero al final, por una cosa u otra, no se dio. La vida muchas veces es cuestión de circunstancias, ¿no? Después de terminar en el Barça, la verdad es que… tuve la posibilidad de ir a ciertos lugares, pero… no me gusta mucho hablar de lo que no hice…"

Valverde es un tipo peculiar: ingeniero electrónico, fotógrafo publicado, guitarrista de rock, ciclista que se avienta rutas de 80 kilómetros y alguien que, al crecer durante los conflictos en el País Vasco en los años 70, admite que "parecía tener un imán para la policía local".

Ha perdido dos finales de esta competencia, ambas con el Espanyol (como jugador y como técnico). La próxima semana será su primera visita competitiva al noroeste de Inglaterra desde aquella noche en Anfield en 2019, cuando el Liverpool destrozó 4-0 a su Barça para darle la vuelta a la semifinal de Champions (4-3 global).

Ahora le toca al Athletic y a él: La Catedral primero, luego el Teatro. El panteón futbolístico espera al ganador.

La mejor descripción del Athletic Club que he escuchado fue de su exdelantero Aritz Aduriz:

“Creo que el Athletic es más que un club para nuestros aficionados. Es como una filosofía, una pequeña religión”, dijo. “Todos los hinchas del Athletic sienten que el club es parte de ellos. Se sienten parte del equipo. Cuando la gente va a San Mamés, va a ‘jugar’ también el partido —junto a su equipo, rodeados de personas que crecieron en el mismo entorno, con la misma cultura, con características personales muy similares. Son una familia. El Athletic juega con su gente contra el resto del mundo.

Esa conexión entre la gente y el equipo es muy distinta a la de otros clubes. Cuando el Athletic sufre, sus aficionados también. Por eso ayudan al equipo a rendir bien, porque es parte de ellos”.

Ahora sí: Athletic contra el United, y contra el resto del mundo.