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¿Debe Márquez retirarse si pierde ante Pacquiao?
Derrota y adiós
No debe existir nada peor en la vida de un gran campeón, que la decisión de colgar los guantes. Muchos simplemente eliminan ese momento de su agenda y extienden sus carreras hasta que el boxeo decide por ellos. Juan Manuel Márquez se encuentra ante esa encrucijada. ¿Se va o se queda si pierde ante Manny Pacquiao el 12 de noviembre? Yo entiendo que, más allá del resultado, debe decir adiós al boxeo.
Me confieso un admirador de la carrera, el estilo, la entrega y la honestidad que Márquez ha mostrado siempre, dentro y fuera del cuadrilátero. Es uno de esos campeones que a uno le gustaría que jamás dejaran este deporte. A todos nos reconforta verlo ganar y a todos nos duele verlo perder. Así son los ídolos que nos ganan el corazón, eternos triunfadores. Cuando vencen nos conquistan el alma, cuando pierden nos lastiman más los golpes que a ellos mismos. Así funciona el termómetro del fanático y ese ADN no hay quien pueda alterarlo.
La trayectoria de Márquez hace un buen rato que transita por su recta final. Por ello la batalla ante Pacquiao debe ser la última. No hay argumento que justifique otra decisión que no sea el adiós definitivo. La tan ansiada tercera batalla contra el filipino es la mejor oportunidad para cerrar una de las más respetadas trayectorias del boxeo mexicano, que ni una derrota o una victoria harán más o menos grande. Ya se ganó merecidamente su lugar en el Salón de la Fama. Ese momento Márquez merece disfrutarlo en pleno uso de sus facultades, como también merece disfrutar de su familia.
Pero hay más argumentos. La edad lo condena, pero también la falta de desafíos importantes. A un campeón que todos aprendimos a admirar no deseamos verlo sirviendo de escalón para jóvenes figuras o participando en bochornosos combates ante otros ex campeones que tratan de beber el ultimo jugo de sus glorias pasadas. Márquez es un deportista íntegro e inteligente. Sería tonto imaginar que no ha considerado este punto. Hace poco tiempo, hablando sobre el retiro, reconoció que un triunfo sobre Pacquiao le haría replantearse su continuidad en el boxeo. Una victoria sería la cúspide de su carrera, reconoció, y una suerte de parte aguas.
Estoy seguro que si gana, se va. Que nadie lo dude. El problema es: ¿Que pasa si no gana o en la peor de las hipótesis se registra una decisión controversial como en las anteriores batallas?
A mi juicio y hasta por una cuestión de estrategia, Márquez debe anunciar su retiro antes de la pelea. Se quitará presión a sí mismo, y se la traspasara al rival. Pacquiao no querrá servir de alfombra roja para el victorioso adiós de uno de sus más enconados adversarios.
El 12 de noviembre, guste o no guste, Márquez gastará sus últimos cartuchos de dinamita, antes de ser historia. Ese día conseguirá la paz económica y el reconocimiento a su brillante trayectoria. Al otro lado del final, lo esperan su familia, su legado, el Salón de la Fama y el agradecimiento de todos los que valoramos lo que mostró durante toda su carrera. Por eso, en nombre de quienes pensamos igual, ojalá diga adiós después de enfrentar a Pacquiao.
Todavía tiene resto
Juan Manuel Márquez ha derrochado talento en los cuadriláteros del mundo durante los últimos 18 años. Su temprano e inesperado traspié ante Freddie Norwood en su primer intento mundialista le causó una demora injusta a su carrera, y quizás por ello le llevó demasiado tiempo sumarse al pelotón de grandes púgiles principios de siglo, como sus compatriotas Erik Morales y Marco Antonio Barrera.
Comenzó a cimentar su fama de boxeador completo y noqueador por vocación con sus triunfos ante Robbie Peden y Manuel "Mantecas" Medina, y terminó por afincarse en territorio de leyendas con su recordado empate ante Manny Pacquiao en junio de 2004, en un choque que desataría una rivalidad que está a punto de concluir en el cuadrilátero este próximo 12 de noviembre, pero que vivirá en la controversia entre los muchos y muy apasionados fanáticos de ambos.
Durante todo este trayecto, tanto en su personalidad como en el desarrollo de sus combates, quedó claro que Márquez es un peleador que va de menos a más. Después de haber caído ante un púgil mecánico y aburrido como Norwood en la plenitud de sus años, pocos apostaban a la continuidad de Márquez en los niveles más altos del pugilismo. Y sin embargo, ahí estaba "Dinamita", cuatro años y catorce peleas después, dándole al enorme Pacquiao lo que en retrospectiva podríamos calificar como el más duro desafío en el largo fatigar del filipino por los ensogados del mundo.
Esas actuaciones memorables se fueron sucediendo, y la dureza de esos combates vaticinaron un final anticipado para un Márquez que daba tanto castigo como recibía en sus combates, ganando o perdiendo. Durante su largo trajinar se llegó a esperar que cayera ante rivales como Marco Antonio Barrera, Joel Casamayor, Juan Díaz, y muchos otros púgiles de los estilos más disímiles, pero Márquez logró doblegarlos no sin esfuerzo, pero sí con muchísimo coraje y sangre de campeón.
Los logros tienen su final, es cierto. Pero también es cierto que el final no ha sido escrito aún para Juan Manuel Márquez. Es cierto que su reciente actuación ante Michael Katsidis nos mostró a un Márquez más lento visitando las lonas ante un púgil de menor experiencia. Pero ese mismo Katsidis sobrevivió los embates aún más constantes de un igualmente joven Robert Guerrero meses después, y nadie descalificó al Fantasma por su incapacidad de noquear al australiano, como sí lo hiciera Márquez.
Por eso, sin importar cómo interpretemos su desempeño actual sobre el tinglado, lo único que importa es que quienquiera que escribe el guión de la vida y la carrera de Juan Manuel Márquez debe estar en este momento rascándose la cabeza frente a una hoja en blanco, pensando qué final ponerle a un recorrido tan ilustre, y qué excusa usar para convencer a uno de los mejores boxeadores de este nuevo siglo a que cuelgue los guantes para siempre. A mí también me cuesta pensar en una excusa, y por eso solamente atino a esperar verlo en su plenitud una vez más en esta difícil parada de su carrera, y esperar luego a que el padre Tiempo, ese que no siempre ha estado de su lado pero que tampoco le ha dado la espalda, decida por él.
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