Cuando parecía que Nicaragua conseguría su primera victoria en un Clásico Mundial, Ozzie Albies le dio la vuelta
Ángel Obando está de rodillas en el montículo. Mira al vacío. Está devastado, mientras Ozzie Albies recorre las bases entre brincos de celebración porque acaba de arruinarle la fiesta a los nicaragüenses. Más de 15,000 aficionados se habían reunido para cruzar los dedos y rezar por la primera victoria de la selección en un Clásico Mundial de Béisbol. De un momento a otro lo que sería recordado para la historia pasó a ser una oscura y tenebrosa pesadilla.
En las gradas la gente está congelada, mientras en la pantalla se ve un niño con una gorra azul y una camisa blanca, símbolos de la bandera de Nicaragua, llorando y su papá lo abraza. En las redes sociales se busca a un culpable. Unos dicen que es Dusty Baker por tomar la píldora envenenada de Albies y no enfrentar a Didi Gregorius, quien iba en blanco en cuatro turnos, otros simplemente cuestionan y colocan en el paredón a Obando, quien se estaba convirtiendo en héroe por su magistral actuación en relevo y unos pocos decepcionados atacan sin piedad a todos.
La fiesta pinolera con cánticos y bailes coloridos de las gradas parecía un desfile funerario. Zombis saliendo por las escaleras y ascensores. Seguramente se preguntaban cómo era posible que sucediera otra vez. Y es que en 2023 cuando Nicaragua estaba en el octavo episodio ganando 2-1 a Israel trajo a Jonathan Loáisiga, el relevista de los New York Yankees en ese momento. Loáisiga fue duramente castigado y se perdió 3-1. Aunque fue doloroso y causó mucho desconsuelo, el shock de esta tarde en Miami fue superior.
Erasmo Ramírez, abridor de Nicaragua y exjugador de Grandes Ligas, salió a atender a los medios, a mostrar su mejor rostro. Decía que así es el béisbol y prometía que los jugadores se recuperarían de este golpe, aunque su mirada reflejaba otra cosa. Dusty Baker acostumbrado a los golpes de la vida y del beisbol estaba triste porque sabía lo mucho que se habían esforzado por darle una primera alegría a una nación considerada entre las más pobres de América.
Y mientras a Ángel Obando lo tuvieron que ir a recoger sus compañeros del montículo, se había quedado sin aliento y las piernas no le funcionaban. Un lanzamiento de 95 millas por hora fue lo que Albies necesitó para arrancarle el corazón a los 6 millones de nicaragüenses que celebraban antes de tiempo. El béisbol y sus designios. A Nicaragua le salió el lobo vestido de Albies.
