MÉXICO -- Hace casi 30 años el Granada era albiceleste, o al menos lo fue por una tarde; 'Los Cármenes' se trasladó a Buenos Aires y el '10' se disfrazó de '9'.
En 1987 no se hablaba del 7-1 con el Atlético de Madrid y apenas había nacido Guillermo Ochoa, pero el epicentro del futbol mundial ya radicaba en césped nazarí, un día honrado por Diego Armando Maradona.
Era 15 de noviembre y apenas había pasado un año de la segunda Copa Mundial en México. El 'Pelusa', ídolo global y en plenitud de facultades, accedió a vestir de rojo y blanco para un atípico partido de exhibición que aún se recuerda con la magia del video.
El Granada se enfrentaba al Malmo sueco con una tripleta de 'Maradonas' en el césped. Era la presentación de 'Lalo', hermano menor del astro bonaerense y recién contratado por el cuadro nazarí, cuyo mejor momento fue sin duda ese primer e icónico juego.
Aquella tarde, por razones obvias, el 'Barrilete Cósmico' portaba el gafete de capitán aunque el dorsal de goleador a la espalda, mientras que el festejado en turno vestía el 10 eterno y Hugo, el más pequeño, saltaba al campo con el ocho para agruparse todos en cada grito de gol de un triunfo de 3-2.
Aún sin contrato de por medio Maradona no guardó la magia para una mejor ocasión; jugar junto a sus dos hermanos fue un sueño cumplido en tierra española y lo confirmó con una primera asistencia al recién contratado. Pero esa no sería la más grata de sus memorias.
Esa tarde, el 'Pelusa' la mandó a guardar con un tiro libre de esencia eterna: colocó el balón sobre la media luna, se perfiló de zurda y superó la barrera, para anidar el balón bajo las redes que 29 años después son defendidas, 'simbólicamente', por un portero mexicano, el más goleado del continente y también de rizada melena.
