Valverde vivirá su primer Derbi del lado del Barça

BARCELONA -- Ernesto Valverde es un caso podría decirse que único en el futbol catalán. Entrenador del Barcelona, una de las puertas del estadio del Espanyol, la número 89, lleva su nombre. Es uno de los 98 elegidos, 98 personajes que se mantienen en el imaginario periquito. Y que este sábado será rival, por primera vez desde el FC Barcelona.

“Ni se consideró retirar su nombre. Lo merece por sus méritos en el club”, proclamó el 30 de mayo un portavoz del Espanyol, cortando de raíz los primeros rumores que apuntaban a la probable decisión de, firmado por el enemigo dos días antes, renegar de él.

Este sábado, después de 12 partidos (repartidos a partes iguales entre futbolista y entrenador) ejerciendo de periquito frente al Barça cambiará de acera e intentará mantener su buena racha personal… Pero regalándola al club azulgrana. Cuesta olvidar, porque esa racha personal, esos últimos 4 partidos que sumó Valverde sin perder un derbi hace ahora una década, son dolorosos en el Camp Nou.

Ernesto Valverde disputó entre 1986 y 1988 seis derbis como futbolista del Espanyol con una victoria, dos empates y tres derrotas. Al cabo de dos décadas dirigió al Espanyol en otros seis derbis con parecida estadística: una victoria, tres empates y dos derrotas.

De todos esos derbis, sin embargo, uno es imposible de olvidar. Absolutamente imposible.

DE GLASGOW AL TAMUDAZO

16 de mayo de 2007. El Espanyol, que mantiene en la retina el drama de 1988, cuando perdió la final de la Copa de la UEFA frente al Bayer Leverkusen, pierde otro partido dramático: la final de la misma competición en Glasgow y frente al Sevilla.

Jugador dos décadas antes, Ernesto Valverde es en 2007 el entrenador. “Lo que más aprecio es que hemos recibido muchas felicitaciones desde el Barça”, recordó tras aquella caída en los penalties. Parecía, sí, es cierto, que la distancia social entre los dos equipos daba un paso adelante, aparcando ‘odios’ para centrarse en la simple ‘rivalidad’. Pero todo saltó por los aires tres semanas después.

El 9 de junio de 2007 se disputa la penúltima jornada de Liga. Barça y Madrid llegan igualados con 72 puntos y los merengues líderes por goal average y se alcanza el último suspiro del encuentro con el Barça ganando por la mínima al Espanyol en el Camp Nou (2-1) y el Madrid perdiendo (2-1) en Zaragoza.

Último minuto: Van Nistelrooy empata en La Romareda y mientras el madridismo vuelve a soñar un milagro impensable… Tamudo empata en el

Camp Nou. La ‘devolución de Tenerife’ al cabo de tres lustros con el Espanyol como secundario de lujo dolió mucho en el Barça. Más aún diversas reacciones de personajes periquitos burlándose del rival ciudadano.

Fueron momentos difíciles en el plano personal para Valverde. Cumplida su obligación deportiva, sabía de la depresión que había causado en no pocos amigos suyos, culés que, ahora, se mantienen inalterables a su lado.

Aquel fue, probablemente, el momento más amargo del Barcelona de este siglo, recuperado de la depresión del gasparismo pero caído en la autocomplacencia de la era liderada por Ronaldinho, que un año después acabaría con él y Deco, y Rijkaard… Y todo.

Valverde estuvo ahí, al otro lado, empatando sus tres últimos derbis tras ganar otro por 3-1. Cuatro golpes al Barça de Rijkaard y Ronaldinho para apuntalar su leyenda en blanquiazul. Primero como futbolista y después como entrenador, un brillante papel que los periquitos no olvidan.

Este sábado será otra historia. Su primer derbi como barcelonista, con la necesidad de recuperar el ánimo social y general de un club enrarecido.

La relación social entre ambos clubs, por cierto, está en las antípodas nuevamente. Si pareció que a pesar de la enemistad entre Laporta y Sánchez Llibre hubo un momento en que los unos se sentían en cierta manera identificados con los otros todo aquello pasó.