<
>

'Catita' Domínguez, un tipo que no es imprescindible, pero sí indispensable en Cruz Azul

LOS ÁNGELES -- Ha sido el caballo de hierro detrás del Caballo de Hierro. El pistón más humilde de La Máquina. Lo suyo es la consistencia, la persistencia. No es un símbolo ni un referente, pero es un espartano de sangre roja y savia azul.

Es, Julio César Domínguez, uno de esos tipos que no son imprescindibles, pero son indispensables.

El ‘Catita’ es una contradicción. Es un trashumante permanente en Cruz Azul. Se ha ido sin irse. Ahí, desde 2006, paciente, tragando amargo en los pesebres del “ya merito” de La Noria, hasta que, desbordado de histeria y desbordando la historia celeste, cumplió la promesa hecha a su padre, El ‘Brujo’ Domínguez: ser campeón con La Máquina. Ocurrió el 30 de mayo pasado.

Marinero tenaz en los tiempos de naufragios celestes, fue de los once que atracaron en el puerto glorioso del Guard1anes 2021. A más de 15 años de su debut, con el inusual 88, un doble símbolo del infinito, Domínguez es el jugador con más partidos en la historia de Cruz Azul, rozando ya los 600 en todas las competencias.

El fin de semana pasado llegó a los 500 partidos en Liga, izando una sola bandera, la de Cruz Azul. No fue como él hubiera querido. Comenzó en la banca y entró al minuto 74. Casi se sofocaba la velita 500 de su pastel de festejo.

Eso demuestra la rigidez de Juan Reynoso, la forma estricta de buscar resultados, en esa ruta incuestionable, que lo llevó al título. Poco le importó el ansiado onomástico 500 del ‘Catita’. Las necesidades del equipo rebasan las ansiedades personales.

Este domingo ante Pachuca, rebasará la cifra de los 500. Sólo Reynoso sabe si será titular o no. Si el 500 le importó poco, el 501 pasa ser otra página aplazable del anecdotario de su defensa.

Domínguez ha rebasado en partidos jugados a íconos del museo de Cruz Azul, por el altísimo nivel de competencia de un Nacho Flores o de un Conejo Pérez. Él lo entiende: no es imprescindible, pero es indispensable. Es de esos tipos con los que nadie teme cruzar cualquier puerta y a oscuras.

Su lealtad a los colores fue puesta a prueba. Hace unos años, Chivas llegó con una oferta tentadora. Jorge Vergara de cacería, era implacable. Pero Domínguez resistió a pesar de que no era morralla lo que le ofrecían. El valor de una promesa no hay chequera que lo pague. Catita, a quien también apodan ‘El Brujito’, le había hecho una promesa a su padre, El ‘Brujo’ Domínguez: ser campeón con Cruz Azul.

Fueron tiempos difíciles. Cruz Azul seguía perdiendo finales. Pero, Domínguez se quedó en La Noria. Desdeñó a Chivas, como antes había desdeñado a otros equipos. Había una tumba que aguardaba el pago de esa promesa. El ‘Catita’, finalmente, en 2021, sabía que alguien, arriba, detrás de las estrellas, sonreía pleno. El ‘Brujito’ ofrendó medalla y trofeo a ‘El Brujo’.

Es que la lealtad es un código de vida para Julio César Domínguez. Incapaz de despellejarse la zalea cruzazulina ante ofertas de otros clubes, igual hizo una promesa de matrimonio en el kínder a Priscilla, su esposa, y la respetó hasta el citatorio en el altar. Entiende perfectamente la abismal diferencia entre prometer y comprometerse.

El ‘Catita’ Domínguez no es el mejor en el juego aéreo, ni en la anticipación a sus adversarios, ni el más notable en la lectura de los adversarios, pero con tesón, responsabilidad, disciplina, y el aprendizaje diario de cada partido, ha sabido mantenerse ahí, en un equipo en el que el desfile de jugadores ha sido tan sospechoso, como intimidante, amenazante, y absurdo, durante los últimos años.

Técnicos iban y venían; refuerzos iban y venían, y cada ventana de transferencias aparecían jugadores que tratarían de quitarle el sitio, sin lograrlo.

Los imprescindibles tienen fecha de caducidad. Los indispensables, no.

En la antesala de los 34 años (8 de noviembre), el oriundo de Arriaga, Chiapas, aún espera el mensaje de su propio organismo, para contemplar el retiro. Su disciplina y la devoción en el día a día, le garantizan que la máquina del caballo de hierro de La Máquina del Caballo de Hierro, está aceitadita y en condiciones.

“Por algo sigo aquí. No me gusta hablar de mí mismo, ni halagarme. Ser el jugador con más partidos, con un título, eso me hace muy feliz. Sí me siento orgulloso de ser un histórico y una leyenda, pero eso lo tiene que decir la gente, no yo”, comentó Domínguez al diario ESTO hace unos días.

Ha manifestado un doble interés mancomunado: ser entrenador y mantenerse vinculado a Cruz Azul, una institución que ha demostrado a lo largo de los años, ser respetuosa y generosa con quienes les han sido leales.

Por lo pronto, Julio César Domínguez se suma al sueño cruzazulino para este Apertura 2021: el Bicampeonato. El camino es largo, pero no lo intimida. Después de 23 años que esperó Cruz Azul, 23 partidos, parecen apenas un atajo.