F1 25: ¿Vale la pena comprar el DLC 2026 de EA Sports?

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Checo debe aprovechar que es la cara del equipo en Cadillac (3:12)

Codemasters tenía una tarea difícil con el mayor cambio reglamentario de la Fórmula 1 en los últimos años, pero decidió que no ameritaba un título nuevo. Lo que tocaba era una actualización a mitad de precio.

Probamos el F1 25: 2026 Season Pack, el DLC que anunció EA Sports para competir con los nuevos carros y equipos de la parrilla de Fórmula 1 sin necesidad de desarrollar un juego nuevo, en medio de un reglamento que, con seis fechas completas disputadas en la temporada 2026, aún no se sabe si seguirá igual para 2027.

El Season Pack tiene un precio de USD$24.99 para jugadores de PC y USD$29.99 para consolas (Xbox y PlayStation) para quienes ya cuentan con F1 25. Si aún no tienes el juego base y quieres dar el salto completo, entonces el precio sube a USD$49.99, una cifra muy inferior a los USD$69.99 que cuesta un título nuevo como F1 25 en su lanzamiento.

Lo bueno: no se siente como una actualización

Aunque es un parche, una actualización y no un juego nuevo desarrollado desde cero, la diferencia con F1 25 se siente desde el primer momento.

Codemasters hizo un tremendo trabajo con las físicas del DLC: los monoplazas son más pequeños, más livianos y generan mucha menos carga aerodinámica que los anteriores. Esto se refleja en monoplazas más reactivos que hacen las entradas a curva más nerviosas. La reducción en carga aerodinámica afecta directamente el agarre, principalmente en las curvas rápidas, y los tiempos de vuelta aumentan entre uno y dos segundos cuando se comparan con el título anterior.

En español simple: el auto ahora es mucho más sensible en las entradas de curva, pero es menos eficiente en las curvas rápidas. La forma de conducir en F1 25 es completamente diferente a la de este DLC, lo que marca un reto para el jugador acostumbrado a títulos nuevos en los que solo cambiaban las decoraciones y los pilotos de cada equipo.

Al igual que los monoplazas reales de la Fórmula 1 actual, los del DLC generan mucho menos aire sucio, lo que favorece las peleas entre pilotos y permite seguir de cerca al auto de adelante sin sufrir tanto por la pérdida de carga aerodinámica. Podrás competir rueda a rueda con mucha más facilidad que en títulos anteriores, sin tener que ajustar constantemente tu entrada a cada curva.

Lo malo: la batería aquí también es protagonista

EA hizo tan buen trabajo con el DLC que los defectos del nuevo reglamento también se reflejan en el juego. El manejo de la batería es lo más importante en cada vuelta y eso termina afectando la experiencia, al menos desde el punto de vista de quienes ya tienen recorrido en este tipo de juegos.

Visualmente, el DLC hace un buen trabajo diferenciando los distintos modos de despliegue de la energía eléctrica. El modo Boost, disponible para cada piloto en todas las vueltas, dependiendo de la energía acumulada, aparece en color amarillo en el tablero virtual del jugador, mientras que el modo Overtake, que se activa cuando estás a menos de un segundo del auto de enfrente, aparece en color azul.

Al igual que ocurría con el DRS, el indicador de recta aparece en el tablero anunciando las zonas donde se pueden abrir los alerones para reducir la resistencia al aire y hacer más eficiente el trabajo de la unidad de potencia.

El problema de la parte eléctrica es exactamente el mismo que existe en el mundo real: la energía se consume mucho más rápido que en títulos anteriores y, aunque el jugador no tiene control sobre cuándo el auto entra en superclipping, se siente claramente cómo el monoplaza pierde velocidad de forma gradual al final de las rectas.

Lo más incómodo, y lo que se siente más antinatural, es el LiCO. En carrera eres más rápido levantando el acelerador hasta 200 metros antes de la curva, ya que el MGU-K recarga la batería con mayor rapidez cuando no estás acelerando, energía que luego utilizas en la siguiente recta. Con razón Max Verstappen y otros pilotos de la parrilla han dicho que esta generación de Fórmula 1 no se siente natural.

Como estos monoplazas generan menos aire sucio, en el DLC también aparece el "yoyo racing" que tanto se ha criticado durante la temporada actual. Como ahora seguir de cerca es facilísimo, te pegas al rival, activas el Overtake, adelantas... y como tu oponente también tiene batería y tampoco pierde agarre detrás de ti, te devuelve la maniobra en la siguiente recta.

Esto lleva a situaciones en las que, si no eres estratégico al atacar, no estás corriendo: estás jugando ping-pong a 300 km/h. El adelantamiento limpio hay que trabajarlo; el barato te lo devuelven en la siguiente recta.

Al juego que te mantenía atento a los reflejos, a los balances de frenado, al estado de los neumáticos y a la estrategia de combustible, ahora hay que añadirle una capa estratégica adicional, casi como si fuera una partida de ajedrez, y eso ya es mucho.

Para poder incluir a los 11 equipos, sí, ahora puedes manejar a Checo Pérez en Cadillac, tuvieron que sacar contenido. No hay co-op career. No hay ranked multiplayer. Tu progreso desde F1 25 tampoco se transfiere.

Veredicto

¿Vale la pena comprar el DLC? Si vives y respiras Fórmula 1, sí.

La sensación de los nuevos coches y el ajedrez que implica la gestión de la batería justifican el viaje. Si esperabas una reinvención total de la saga, te tocará esperar un año más mientras sobrevives al ping-pong eléctrico. Pero, al menos, esta vez tenemos algo realmente diferente a lo que la franquicia nos había ofrecido durante los últimos años.