Se volvió obvio temprano esta temporada --tal vez tan temprano como en el entrenamiento de primavera-- que tres palabras deberían de ser incluidas en cualquier discusión de Albert Pujols. Serán habladas en cursivo, comenzando enfáticamente antes de escalar a las alturas de la incredulidad.
¿Ocho años más?
¿Mi momento de ocho años más? vino tarde en abril, con los Angelinos de Los Ángeles en Oakland para jugar ante los Atléticos.. Pujols jugaba en primera base y alguien bateó un bombo al lado del dugout de la caja del coach.
Albert trató --trató tanto que dolió verlo-- pero la bola aterrizó a un brazo de distancia de su alcance. Necesitaba seis pasos más, tal vez. Solo pudo manejar cinco.
Es el segundo año del contrato de Pujols de $242 millones por 10 años, lo cual significa que ¿ocho años más? no comienza técnicamente hasta noviembre. Está en la lista de lesionados con una fascia plantar parcialmente desgarrada y podría estar forzado a quedarse ahí por el resto de la temporada, aunque espere lo contrario. Su inmovilidad viajó la distancia de doloroso a triste. Se convirtió en el hombre viejo en el partido de softball, moviéndose de base a base y cojeando como lo hacía. Todavía le pegaba duro a la bola, por lo que bateó de roleta y resultó en 18 dobles jugadas.
Ha sido un giro extraordinario. Dieciocho meses atrás, Pujols era el centro del universo del béisbol, el agente libre más codiciado. Hoy, está en el borde de volverse una idea tardía, un jugador destartalado en un equipo malo.
Naturalmente, porque tenemos un encaprichamiento con evaluar las costumbres de gastar de los dueños en el béisbol, los esfuerzos de Pujols se han transformado en una discusión continua del peor contrato en la historia del béisbol.
¿Será el de Albert, o el que le pertenece a Alex Rodríguez que hace que Bud Selig busque tan gimnásticamente de acortar o hasta revocar?
Es uno o el otro, aparentemente, sin espacio para alguien más.
O algo más, incluyendo una mirada clara, razonable al valor de un contrato.
El contrato de Rodríguez --se le deben $100 millones antes de que se le aplique cualquier sustracción por suspensión-- en una trama secundaria jugosa de la discusión de su período inminente de inactividad forzada. Los Yankees de Nueva York quieren liberarse de su contrato, y de él, y si tu mente se inclinara naturalmente hacia lo conspiratorio, podrías encontrar alguna razón para creer que la MLB y los Yankees se inclinan a hacer que esto suceda con una suspensión de por vida. Buck Showalter, en primer lugar, cree que el balance delicado del planeta tierra se encuentra en riesgo, sin mencionar el futuro de todas sus estrellas jóvenes.
Pero ahora mismo Pujols está siendo utilizado como el ejemplo más nuevo y fresco de por qué los dueños y los gerentes generales nunca deberían considerar contratos a largo plazo y de mucho dinero para jugadores en sus 30s. Entre Pujols y Josh Hamilton, los Angelinos se encuentran en un dilema financiero que servirá como una historia de cautela a través del 2017 y más allá.
Y les saldrá caro. La próxima superestrella de los 31 años de edad en entrar a la agencia libre pagará el precio por llegar después de Albert. Él --llamémosle Robinson Canó, solo por diversión-- tendrá que trabajar más fuerte por su dinero en esta era nueva de austeridad iluminada.
La industria no se olvida, ¿verdad?
Por supuesto que lo hace. Siempre lo hace. Los dueños lo hicieron hasta luego de que la historia de cautela de Barry Zito probara que no deberías de darle siete años a un lanzador abridor que se acerca a sus 30s, y los Angelinos lo hicieron con Pujols aun después de que la historia de cautela de Alex Rodríguez probara que un contrato de diez años no hace sentido para nadie, y eso fue antes de que Rodríguez se enfrentara a la polémica de Biogenesis.
Todo lo que significa que probablemente debería de parar de importarnos cómo otras personas gastan su dinero. (Claro, los fanáticos ayudan a pagar los salarios y deberían de tener una voz en el proceso, pero nadie se toma ese argumento en serio cuando los torrentes de ingresos secundarios significan que los equipos como los Marlins puedan hacer dinero mientras juegan en un parque vacío). O, empleando una estrategia que figure ser mucho menos divertida, tal vez necesitemos de comenzar a tomar un acercamiento diferente a la discusión de los peores contratos.
Hay una probabilidad de que los parámetros de la discusión estén desalineados. La pregunta prevaleciente es --¿quién produce menos mientras le pagan lo máximo por mayor tiempo?-- puede ser irrelevante.
Aquí hay una razón: Los Angelinos tienen un contrato de televisión local de $3 billones por 20 años que casualmente comenzó el mismo año que el contrato de Pujols. Esos son $150 millones al año, mucho más que la nómina general actual del equipo de $128 millones. Son $100 millones al año más que la TV local pagaba antes de que el dueño de los Angelinos Arte Moreno firmara a Pujols y a C.J. Wilson.
Los Angelinos hacen $150 millones antes de que cualquiera de los más o menos 3 millones de fanáticos compren una taquilla, paguen por estacionamiento o que ordenen una Fat Tire a $12.75.
Ese contrato de televisión no hubiera sido posible si Moreno no se hubiera establecido como un millonario confiado dispuesto a gastar dinero para mantener a su equipo en la delantera de la discusión del béisbol del sur de California. El tejido que conecta la firma de Pujols a $3 billones valorados en dinero de televisión es claro y directo. Puedes argumentar con los resultados --es difícil de decidir si los Angelinos del 2013 son una decepción o un bochorno-- pero no es tan fácil argumentar las finanzas.
Dejemos a un lado la pregunta de si Pujols merece $242 millones. (Regla general: Alguien está dispuesto a dárselos, así que se los merece). La noción prevaleciente --los Angelinos están atascados con él hasta el 2021-- podría probar ser impulsiva y engañosa, un ejemplo más de cuan diferentes los fanáticos y los dueños de equipos perciben el mundo de los deportes.
¿Ocho años más? Al final podría resultar.
Mantener el envión
Por Rodrigo Azurmendi
ESPNDeportes.com
ANAHEIM -- Luego de la emotiva victoria del viernes, los Angelinos de Los Ángeles buscarán extender el buen momento y asegurarse la serie ante los Azulejos de Toronto.
El equipo dirigido por Mike Scioscia irá en busca de un tercer triunfo consecutivo ante los canadienses para tomar envión de cara a los últimos 50 juegos de la temporada, en los que se definirán si les alcanzó el tiempo, y el nivel, para regresar a la temporada.
Para hacerlo deberán mantener la ayuda de los héroes silenciosos que vienen haciendo sus aportes en los últimos días, como Kole Calhoun, Chris Nelson y J.B. Shuck, pero también van a necesitar que la parte media de su alineación no repita actuaciones como la del viernes.
Josh Hamilton volvió a tener una noche para el olvido, en la que se fue de 5-0, con un ponche y una doble play.
Junto a él, Howie Kendrick y Mark Trumbo se combinaron para conectar solo un hit en 14 turnos, muy poca producción para un trío vital para las aspiraciones de los serafines.
Sin embargo, los rojiblancos como equipo batearon de 13-6 con corredores en posición anotadora y esto alcanzó para sumar un nuevo halago.
TURNO DE WEAVER
Nadie mejor que el líder monticular para continuar por la buena senda.
Jered Weaver (5-5) lanzará su primer juego del mes, y buscará mantener el gran nivel de julio, en el que portó una efectividad de 1.32 y consiguió cuatro victorias en seis presentaciones.
El derecho ya está asentado, y su PCLA de 2.84 y los 41.0 cuadros picheados en el mes son el mejor reflejo.
Además, a Weaver les sientan muy bien los canadienses, ya que tiene marca de 7-2 y efectividad de 3.70 en nueve salidas ante ellos.
Su rival será Esmil Rogers (3-5), quien no gana una decisión desde el 18 de junio ante los Colorado Rockies.
El dominicano tiene efectividad de 4.36 con 60 ponches y 27 boletos, pero viene de un julio para el olvido, en el que tuvo marca de 0-2 y su ERA fue un altísimo 7.07.
El sábado marcará la primera vez en su carrera en la que enfrente a los aureolados como abridor, pero como relevista no le ha ido nada bien, ya que en cuatro salidas le endosaron 3 carreras limpias a lo largo de 2.2 episodios de trabajo.
