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Maleeva, las hermanas que revolucionaron el tenis en Bulgaria

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Las grandes hermandades que pasaron por el tenis (5:25)

Casos particulares en la historia del deporte blanco: las Williams, los Zverev, los Djokovic y más. (5:25)

Manuela, Katerina y Magdalena. Si citamos así podemos decir que son tres lindos nombres. Ahora, si a esos nombres les agregamos el apellido Maleeva estamos hablando de las fabulosas hermanas que dio el tenis búlgaro en la década del '80 y '90. Casos así no abundan. O no existen otros, mejor dicho. Se pueden marcar dos hermanos con éxito, como Serena y Venus Williams, Marat Safin y Dinara Safina o incluso los gemelos Bryan, para señalar algunos que llegaron al número uno del mundo. ¿Pero tres hermanos en la elite? Una rareza. Y cada una de ellas lográndose meter entre las 6 mejores del planeta. Más aún.

Es claro que el tenis era una tradición familiar en la familia Maleeva. Pero no comenzó con Manuela, la mayor de las hermanas. El linaje fue por parte de su madre Yulia Berberyan. Ella dominaba la escena tenística en la Bulgaria comunista en la década del '60, e incluso fue nueve años campeona de su país, pero no pudo salir a competir fuera del país. Sin embargo sus hijas sí pasaron las fronteras, y también lograron algo fuerte para el resto de la nación.

"Las conozco extremadamente bien a cada una de ellas. Me han ayudado mucho. Incluso, el esposo de una de las hermanas ha sido uno de mis mentores cuando yo tenía 12 años". ¿Quién dijo esto hace unos años en Indian Wells en un Media Day? Ni más ni menos que Grigor Dimitrov. "Conozco muy bien a toda la familia y puedo decir que me quito el sombrero por todo lo que han producido y logrado a través de los años. Para los estándares búlgaros fue genial", agregó.

Los golpes de Manuela no tardaron en llegar en la adolescencia. Con 12 años ganó el tradicional Orange Bowl y en 1982 ya estaba celebrando el título junior en Roland Garros. Dos temporadas después ya estaba sumergida de lleno en el circuto y a los 18 años consiguió sus primeros títulos, venció a la leyenda Chris Evert y alcanzó los cuartos de final de Wimbledon.

Su punto máximo en el ranking se dio en 1985, temporada en la que sumó uno -por entonces el sexto- más de sus 19 títulos y supo alcanzar los cuartos de final en el Australian Open y Roland Garros para trepar al N°3 del mundo, pero su mejor recuerdo fue en 1988 cuando con los colores de Bulgaria consiguió la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl.

Se retiró en 1994, tras su título en Osaka y siendo Top 10. En una carrera que además sumó victorias ante Navratilova, Sabatini, Arantxa, Conchita Martínez y Mary Pierce hubo una particularidad: terminó jugando bajo la bandera de Suiza tras casarse con Francois Fragniere, quien fuera su entrenador, e incluso ganó una Copa Hopman junto a Jakob Hlasek en 1992.

Katerina fue la segunda de las hermanas Maleeva en aparecer en el circuito. También con una buena fortaleza física como Manuela, a los 21 años ya había pisado cuartos de final en cada uno de los Grand Slam y era N°6 del mundo. Jugó junto a sus hermanas y también frente, como en Montreal en 1991, donde venció a las dos antes de llegar a la final y ceder ante Jennifer Capriati.

Como si fuese un guiño del destino, Katerina siguió la tradición de Manuela y también se terminó casando con quien fuese su entrenador, Georgi Stolmenov. Y si bien se retiró en 1996, su última temporada de primer nivel fue en 1994. Y sí, al igual que su hermana, pese a conseguir numerosas victorias y unos cuantos títulos -en su caso 11- nunca pudo vencer a Steffi Graf ni Monica Seles.

La menor de las Maleeva fue tal vez la más talentosa de las tres, pero tuvo una carrera algo golpeada en lo físico. Una lesión en un hombro la tuvo a maltraer y hasta la terminó llevando al quirófano, situación que la llevó a estar inactiva durante 11 meses. Su regreso al tenis después de la cirugía fue uno de sus grandes hitos e incluso volvió al primer nivel: si bien no volvió a tocar el N°4 como en 1996, en la Kremlin Cup de 2002 ganó el título venciendo a tres Top 10 en el camino (Venus Williams, Amelie Mauresmo y Lindsay Davenport) y fue N°11 en 2003.

Si bien el de Moscú fue significativo por su lucha personal, el primero de Maggie en 1992 a los 17 años, en San Marino, tuvo una fuerte connotación familia. Ahí se cerró el círculo. Por primera vez en la historia tres hermanas lograban títulos de manera profesional. Y dos años después, las tres festejaron títulos en la misma temporada por única vez, una marca que seguramente perdure por la eternidad.

Campeona de Grand Slam en Juniors en Australia, Roland Garros y US Open en 1990, al igual que sus hermanas (Manuela en Roland Garros 1982 y Katerina en US Open 1984), Magdalena tampoco pudo en toda su carrera con Steffi Graf, pero la une una historia trágica con Seles. La menor de las Maleeva era la rival de Monica el día en el que la N°1 del mundo sufrió el atentado en Hamburgo en 1993.

Hoy las tres cuentan con sus manos en el Paseo de la Fama en Sofía y cuentan con el Maleeva Club, donde, por supuesto, intentan continuar la tradición que las hermanas supieron contruir para el tenis búlgaro.