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El recuerdo del Wimbledon 2002 de David Nalbandian

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Nalbandian, el argentino que hizo historia grande en Wimbledon (7:24)

En 2002, el Rey David alcanzó la final del Grand Slam inglés. Rodrigo Pena analiza cómo era el juego del cordobés en ESPNTenis.com. (7:24)

David Nalbandian fue el mejor exponente argentino en Wimbledon, en cuanto a singles masculinos se refiere. Sucumbió en el encuentro definitivo ante el australiano Lleyton Hewitt en sets corridos 6-1, 6-3 y 6-2. Pero atención. Si de revisionismo histórico se trata, otros exponentes del tenis nacional marcaron su nombre en el césped del All England. María Emilia Salerni fue campeona en dobles y también en singles como junior. El propio David junto a Guillermo Coria se adjudicaron el título en dobles junior. A nivel profesional, Gabriela Sabatini se quedó con el certamen junto a Steffi Graf y Gustavo Fernández hizo lo propio en singles y dobles en tenis adaptado.

En cuanto al Rey se refiere, todavía estaba lejos de su corona. Es que su mejor actuación en Inglaterra lo sorprendería tan sólo dos años después de declararse como jugador profesional con tan sólo 20. El recorrido de Nalbandian en el certamen, preclasificado en el lugar 28ª, fue bastante particular, con una mixtura de fortuna y excelente gesta deportiva. Seamos claros: David no era candidato a llegar a la final de Wimbledon. No era candidato a llegar a las semifinales, cuartos...pasar primera ronda era una proeza lógica.

Sus antecedentes positivos, pero en otra superficie, imprimieron una radiografía que, para su agrado y el del tenis argentino, seria errónea. Es que si bien sólo había ganado el Trofeo de Estoril y entrenado unos pocos días en el único complejo con canchas de césped en el país de Hurlingham, estaba lejos de considerarse una amenaza: "La verdad es que llegué con la expectativa de ganar dos o tres partidos. Eso hubiera sido suficiente, era joven y no tenía experiencia", le dijo a La Nación.

En primera ronda le tocó lidiar contra otro jugador que no se sentía en casa sobre el césped, el español David Sánchez (62°) en donde David no tuvo mayores complicaciones para pasar de él 6-4, 6-3, 4-6 y 7-5. Situación que se repetiría con el francés Paul-Henri Mathieu (75°) a quien venció, de manera más desgastante y con algo más de suspenso, por 7-6 (7-3), 7-6 (9-7) y 6-3.

Aquí llega ese primer guiño del destino. Es que en la tercera ronda -de darse la lógica- David Nalbandian hubiese chocado con Pete Sampras, candidato neto a quedarse con ese partido, y el título por caso. Sin embargo el estadounidense cayó de manera sorpresiva contra el suizo George Bastl -¡que era Lucky Loser!- y David aprovechó el momento: lo limpió en sets corridos, 6-2, 6-2 y 6-2.

Ese duelo, según cuenta, "fue bisagra. Cuando le gané a Bastl, me di cuenta que tenía chances de ganar un par de partidos más. Ahí me empecé a sentir bien. Antes de eso, no", le contó a LN. Contra Wayne Arthurs se encendieron las alarmas ya que era el primer especialista con el que se veía las caras. “Creo que tengo la ventaja de que, excepto con Arthurs, enfrenté siempre a jugadores de fondo”, destacó Nalbandian en Página 12. El resultado lo diría todo: 6-4, 7-6 (4), 2-6 y 7-6 (7).

En cuartos de final llegó el primer encuentro a cinco sets y David le ganó al ecuatoriano Nicolás Lapentti, otra de las sorpresas del torneo, por 6-4, 6-4, 4-6, 4-6 y 6-4 para meterse entre los cuatro mejores del certamen. Iba contra el belga Xavier Malisse.

“David no erra casi nunca, es muy fuerte, y tendrá posibilidades ante Lleyton. Cuando se entra a la cancha es 50 y 50 para cada uno”, dijo Malisse tras su derrota 7-6 (7-2), 6-4, 1-6, 2-6 y 6-2 en tres horas y 17 minutos de juego.

"Después de jugar seis partidos en Wimbledon nunca lo había hecho en la cancha central, me encontraba en la final y no había entrado nunca. Son esas cosas raras que pasan cuando uno no es cabeza de serie y la viene remando de atrás. Sentí los nervios. Hewitt era el número uno indiscutible, yo era muy chico", se abrió.

"Jugué la final con tensión. Para mí, Wimbledon era especial porque mi ídolo era Boris Becker y lo veía jugar ahí y tenía mucho condimento. Era como que se me venían imágenes mías con cinco años viéndolo a Boris en la televisión". Sería un duro 6-1, 6-3 y 6-2, pero para Nalbandian el puntapie inicial de una carrera única e ilustre.