MÉXICO -- Hace apenas unos años compartieron la gloria y esta noche Tyson Chandler brindó el mejor tributo posible al alemán Dirk Nowitzki sobre la duela de la Arena Ciudad de México.
No nos equivoquemos. No es que se la pasara aplaudiéndole ni haciéndole las cosas fáciles, sino todo lo contrario. Porque así es cómo debes tratar a una estrella. Lo dominó por completo en el tablero. En distintas ocasiones recató el balón con autoridad y 'sacó la basura' en múltiples ocasiones ante el europeo.
El juego físico de Chandler ante Nowitzki y el tunecino Salah Mejri los llevó a discutir airadamente con los oficiales, pero gran parte de ello se debía a la frustración de saber que esta noche los tableros eran de él, que el juego le pertenecía, al menos sobre la duela.
Fuera de ella fue la fiesta de Dirk. Fue el jugador más vitoreado pese a fungir como visitante. Los flashes estaban sobre él, pero de inmediato se notó que pasa por un momento complicado de lesiones. Apenas en el primer cuarto se resintió de una de ellas y tuvo que volver por unos instantes a la banca.
Tardó en tomar ritmo, pero cuando lo hizo, el recinto explotó. En el tercer cuarto, un par de triples hicieron el truco de magia. Aparecieron en el graderío unas banderas alemanas, se escucharon los aplausos más estruendosos de la noche. Nowitzki nos brindaba destellos de aquel que brillaba con actuaciones de 40 puntos aunque fuera por unos instantes.
Sí, es cierto, Chandler, por sí solo, sumó más rebotes que el pívot del Viejo Continente y que el africano. Destacó con un doble-doble, pero el público mexicano pudo disfrutar de un futuro Salón de la Fama y el jugador más dominante en la historia de los Dallas Mavericks.
