La filtración del contrato del mejor jugador del mundo, abrió la caja de pandora.
Medios de comunicación en todas sus variantes, particularmente la TV en sus espacios de programas de opinión, de polémica, gastan horas y horas hablando del tema.
La mayor parte de los panelistas, ha criticado de manera vehemente al futbolista. Las cifras y cláusulas suenan exageradas hasta para un crack como Lionel Messi, que genera millones de dólares al Barcelona.
Pero no solamente es la cantidad, que ha sangrado al equipo de tal forma que está en números rojos preocupantes, pese a que hay quién aclara que sin la presencia de la pandemia, las finanzas del equipo estarían sanas.
Se trata más bien, de la cláusula de “fidelidad”. Eso sí que es nuevo.
La “fidelidad”, hasta donde alcanzo a entender, es la lealtad de una persona, en este caso hacia una institución; es la observancia de la fe que alguien debe a otra persona, o en este caso, a una empresa, a un equipo, a un club de fútbol.
Uno pensaría que la “fidelidad” tiene que ver más con valores humanos, con los afectos,que con dinero, con un negocio.
Para los que ven las cosas, digamos, más abstractas, la “Fidelidad” implica una conexión muy fuerte, cierta y verdadera. La “Fidelidad es un compromiso que se da de manera lúcida y libre, que en tiempo presente compromete el futuro no importando lo que llegue a pasar.
En el mundo de los negocios, la “Fidelidad” va de la mano de los intereses, del dinero, de un sueldo, de un proyecto, de un salario, de un ingreso, de una ganancia, que de manera intrínseca conlleva un concepto de “Fidelidad” diferente, más a la medida de lo que es una transacción, un interés puramente monetario -te soy fiel mientras me pagues lo que quiero-, y en el momento que las circunstancias cambien, la fidelidad se termina, o antes si alguien me ofrece mejores condiciones, mejores ganancias.
Según algunos medios españoles, el problema con el contrato de Messi no termina aquí. Existen cuando menos otros cuatro o cinco futbolistas, que si bien se habla de otras cantidades, las cláusula de “Fidelidad” aparece con letras mayúsculas y en negritas. Son muchos millones de euros los que el Barcelona viene pagando en los últimos años a varios jugadores, que literalmente tienen agarrado al club de los bajos.
Habrá quien diga ese es problema del club y sus ejecutivos, para qué accedieron a tal cosa. En parte esto es cierto, alguno tendría que estar en la calle o en la cárcel. Lo que a mí me queda claro, es que no haber firmado a Messi le hubiera costado el puesto y hasta que le quemaran la casa, por un lado, y por el otro, también queda claro que en algunos equipos los futbolistas se han hecho con el control no sólo del vestuario.
En esta misma línea, el caso de Sergio Ramos me parece hay que mencionarlo. El futbolista del Real Madrid, líder indiscutido, talentosísimo defensa central y líder merengue, que por cierto está por cumplir 35 años, pretende un aumento desproporcionado en época de pandemia (justo el presidente del club le pedía un descuento del 10% en renovación, y un contrato no a tan largo plazo por su edad). Como muchos otros jugadores, Ramos intenta chantajear al club amenazando con su partida al Manchester United que le ofrece un poco más.
Otro caso es el del canterano Lucas Vázquez, que pretende un gran aumento de salario en época de Covid, cuando el club le ofrece ligarlo a la institución por tres años más, pero sin aumento de salario.
Si sumamos la problemática de salud mundial que ha limitado y de qué manera los ingresos, sus 29 años de edad, en algún momento falta de continuidad (9 partidos completos en la actual temporada), intermitencia de rendimiento, resulta imposible cumplir tal expectativa, tal cosa no sucederá; de hecho, el propio Florentino Pérez ha sido claro: “No más chantajes de futbolistas, por encima del club nadie”.
Queda claro que los jugadores de fútbol son, junto con la afición, la historia del equipo y valor de marca, son los activos más valiosos que tienen los clubes.
Pero todo tiene su lugar, su valor, su sitio. Pagar además del sueldo, premios, bonos, millones de euros por “Fidelidad” no suena bien.
Los futbolistas juegan por dinero, queda claro. Como muchos otros profesionales y profesionistas.
Recuerdo palabras de amor de Messi para el Barza, recuerdo palabras de Ramos diciendo que jugaría gratis para el Madrid.
Mis respetos para los dos como jugadores de futbol; ganadores natos, tremendos deportistas, tremendos atletas y grandes negociadores.
Que no hablen de amor, de fidelidad a los colores, de un sentimiento, de lealtad, esa que sale del corazón, del alma, de ese compromiso que nada tiene que ver con la letra de un contrato.
Queda claro que para ellos, como para muchos otros, el negocio es lo primero y lo último, y que su “Fidelidad” hacia las instituciones hay que pagarla.
