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Zidane: "La Liga está acabada" para el Real Madrid

MADRID -- La realidad alcanzó a Zinedine Zidane. No habían pasado 24 horas desde que pronunciara aquel "lucharemos hasta el final pase lo que pase mañana", cuando el entrenador del Real Madrid tuvo que cambiar de discurso.

"Antes de que me pregunten; la Liga está acabada", reconoció, abatido, en la rueda de prensa posterior a la derrota por 1-0 ante el Atlético de Madrid en el derbi de la capital española. No había manera de sostener lo contrario.

El Atlético se acababa de afianzar en la segunda posición de la tabla ampliando su ventaja sobre los merengues a cuatro unidades; Barcelona, en la cima, podría quedarle a 12 puntos. Una distancia abismal a estas alturas de la temporada.

La derrota se llevó por delante lo que hasta hoy se denominó "Efecto Zidane"; el paliativo con que la directiva merengue intentó contener, más que atajar, la crisis institucional que se desató en noviembre, tras la derrota por 4-0 ante Barcelona, aunque llevaba varios meses en gestación debido al creciente descontento de los aficionados con la administración de Florentino Pérez debido, sobre todo, a la sequía de títulos, las decisiones cuestionables (sobre todo en la manera en que se realizan los traspasos) y lo que los abonados califican como "maltrato al socio" al Real Madrid.

No fue una derrota humillante como el 0-4 ante el Barcelona; al Atlético, más efectivo que espectacular, le bastó marcar un tanto y blindar la portería. Pero el Madrid que se vio en la cancha era muy parecido. Sin ideas, sin otro recurso en ataque que el talento puro de alguna estrella, sin equilibrio y una endeble defensa. Y el exigente público del Bernabéu no lo aguantó.

De nuevo se escucharon los gritos de “Florentino dimisión”; las rechiflas a los jugadores. Salieron los pañuelos blancos. La grada sigue culpando al presidente de la precaria situación deportiva del equipo más "rico" del mundo.

A Zidane, por el momento, le perdonaron la novatada. Al fin y al cabo, le deben un título de Champions y apenas hace mes y medio que se estrenó en un banquillo de Primera. Para ganar los derbis, que son partidos aparte, hace falta más experiencia que ocho partidos dirigidos al máximo nivel.

A Diego Simeone, que prepara como nadie los "clásicos" y tiene la medida tomada al vecino, le tomó tres dolorosas derrotas en el derbi antes de conseguir su primer victoria. El francés no pudo ocultar su decepción. Atribuyó la derrota a un problema de "actitud" y a que sus jugadores no tenían la "cabeza" donde la tenían que tener.

Al final, se vio superado por la magnitud del partido y lo que representaba – por mucho que disputara más de diez de ellos como jugador. “No me esperaba el partido de hoy”, reconoció para, inmediatamente después, anunciar que el próximo año no se dejará sorprender y que habrá cambios. Contando, claro, con que la directiva, también le perdone la novatada.