Columna del aficionado: Mancini, la llave que abre el cerrojo italiano

ESPN Digital

Catenaccio, palabra italiana ampliamente usada en el argot futbolístico que significa "cerrojo", curiosamente creado por el austriaco Karl Rappan a finales de los años treinta, pero, mejorado magistralmente en el país de la bota en los años setenta por Nereo Rocco y Helenio Herrera. El catenaccio consiste en una férrea línea defensiva de 4 con un líbero detrás, el resultado: el fútbol ofensivo en su máxima expresión (el sueño diario del Tuca Ferretti).

La selección azzurra se encuentra vinculada invariablemente a este poco vistoso (aunque muchas veces efectivo) sistema de juego. Partidos poco propositivos donde un solo gol es suficiente para "echar todo el camión atrás" y esperar que el árbitro finalice el partido para ir a festejar. El catenaccio consta de poderosos centrales, laterales fuertes, un contención impasable y que destruye cualquier cantidad de jugadas rivales, un arquero que ataja todo lo que se llega a colar por la impenetrable defensiva y, un líbero que tiene el liderazgo de un general.

Gli azzurri -color usado por los italianos por ser el color principal de la Casa de Saboya cuando Italia se unificó en el siglo XIX- ostentan 4 títulos mundiales y 1 Euro, mucho se debe a sus legendarios defensivos, muchos de ellos dentro de los mejores de la historia del juego: Mauro Tassotti, la dinastía Maldini con Cesare y Paolo, Giovanni Trappatoni, Alessandro Costacurta, Fulvio Collovati, Claudio Gentile, Giuseppe Bergomi, Giacinto Facchetti, Fabio Cannavaro, Alessandro Nesta, el incombustible Franco Baresi o Gaetano Scirea. Cualquiera de ellos merece a todo pulso del título de il capitano y probablemente olvidé mencionar a alguno otro, espero que la historia me perdone.

Tras vencer en el mundial de Alemania 2006, la selección italiana se vio inmersa en un cambio. El orden mundial del fútbol favorecía el espectáculo, el renacimiento del fútbol total y los nuevos sistemas de posesión del balón, el catenaccio era visto como un adefesio, una imperfección en el bello rostro del fútbol. Quedan exponentes del sistema defensivo, varias veces exitosos. Sin embargo, Italia buscó algunos cambios en su estilo con Roberto Donadoni donde no se alcanzó nada positivo y retornaron al glorioso Lippi con quien hicieron el ridículo al quedar en fase de grupos en Sudáfrica 2010; llegó Cesare Prandelli, un técnico un poco más ofensivo que fue subcampeón de la Euro 2012 llegando al torneo de manera invicta en el clasificatorio, calificó a Brasil 2014 de manera invicta y primera en su grupo, pero que se estrelló contra la sorprendente Costa Rica y Uruguay para salir del torneo por la puerta trasera. Antonio Conte armó una selección italiana ordenada que alcanzó los cuartos de final en la Euro 2016 para luego hacer un papelón más con Giampiero Ventura al no calificar a Rusia 2018.

Un periodo más de sombras que de luces hasta que llegó Roberto Mancini, un ex artillero de la Sampdoria con varios logros en su carrera, aunque sus detractores manifiestan que esos logros han sido más por las grandes plantillas llenas de estrellas que ha dirigido que por un verdadero talento propio cuando era técnico del Inter de Milán y del Manchester City. Pero la Italia moderna enamora con su estilo, con su juego más abierto en el que el único vestigio de catenaccio se conforma con firmeza en su veterana pero férrea defensa de Bonucci-Chiellini. El juego de los dirigidos por Mancini es virtuoso, el ejemplo es evidente: para llegar a la Euro 2020, Italia ganó 10 partidos con 37 goles a favor y solamente 4 en contra, es verdad, sus rivales fueron Finlandia, Grecia, Bosnia y Herzegovina, Armenia y Liechtenstein, pero su arsenal ofensivo y su portento defensivo le han valido para tener 30 partidos invictos de manera consecutivo (empatado con el mejor registro de la selección azzurra). Esta Italia está enamorando al fútbol europeo, esta Euro será una gran vitrina para ver los verdaderos alcances de esta selección.