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Inglaterra y Alemania escriben otro capítulo de su rivalidad eterna

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¿Víctima o victimario ante Inglaterra? (2:42)

Alemania rescató el empate ante Inglaterra, gracias al gol de Goretzka, consiguiendo su pase a la siguiente ronda de la Euro. (2:42)

BARCELONA -- Inglaterra ganando su Mundial, en 1966, gracias a un gol que no fue. Alemania aplastando a los ingleses por 10-0 en Oxford en 1909 como respuesta a un 10-0 de 1899 en Manchester o un 12-0 de 1901 en Londres. Inglaterra avasallando a los alemanes en MUnich por 1-5 en 2001. Alemania eliminando en Wembley a los ingleses en la semifinal de la Eurocopa de 1966... Inglaterra y Alemania; Alemania e Inglaterra. La historia de una vieja rivalidad regresa este martes al escenario con otra eliminatoria a cara o cruz y que será, como siempre, un momento para saldar viejas cuentas.

Lo será, de manera especial, para Gareth Southgate, el hoy seleccionador de los Three Lions y que el 26 de junio de 1996, hace 25 años, falló el lanzamiento decisivo de una tanda de penaltis agónica en la que la Mannschaft logró su pase a la final (que después ganaría a la República Checa) imponiéndose por 6-5 después de que ni Seaman ni Köpke (los dos porteros) hubieran sido capaces de detener ninguno de los anteriores disparos.

Será la ocasión de desquitarse de un entrenador que tiene bajo su mando a la que muchos consideran mejor selección de este último cuarto de siglo para aspirar a levantar un trofeo que acompañe a aquel título Mundial de 1966, único en el palmarés inglés, que se consiguió venciendo, también en Wembley, a la vieja Alemania Occidental por 4-2 en una prórroga tan legendaria como polémica, por cuanto el 3-2 logrado por Geoff Hurst se demostró que fue un gol no válido al no cruzar la línea de gol su remate tras estrellarse en el travesaño de Hans Tilkowski.

Viejas historias de duelos de todos los colores y en todos los torneos, como el triunfo germano en los cuartos de final del Mundial de 1970, desquite de la final de cuatro años antes y que venció Alemania por 3-2 gracias a un gol del legendario Gerd Müller en la prórroga, al que acompaña un empate en Madrid en el Mundial de 1982 (0-0) que le bastó a los alemanes para clasificarse para la final que acabarían perdiendo contra Italia.

Como los penaltis que le dieron el pase a la final de 1990, en Turín, con los fallos definitivos de Pearce y Waddle que mantienen en la retina las lágrimas de Paul Gascoigne y que llevaron a la eternidad la sentencia de Gary Lineker: 'El futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania'.

No ocurre siempre, claro, pero sí ha sido algo habitual en los duelos entre ambas selecciones y que se cruzaron por última vez en un choque a cara o cruz en los octavos de final del Mundial de 2010 en Sudáfrica... Y que cayó del lado germano por un incontestable 4-1 del que este martes buscarán los ingleses, por fin, un desquite mayúsculo en su santuario de Wembley.

Llega la selección británica al duelo con la sensación de haber ofrecido menos de lo esperado, confiando en la aparición, ya necesaria, de Harry Kane y la esperanza de que ese futbol que se le supone al equipo aparezca en el momento determinante. Llegan los alemanes sin saber la realidad de sí mismos: Mayúsculos en su estreno frente a Portugal y empequeñecidos hasta el límite en el cierre de una fase de grupos en la que pidieron la hora para no quedar eliminados contra Hungría.

Pase quien pase a cuartos, el derrotado no debería, de entrada, guardar el sabor amargo del fracaso que arrastra a la Francia que quedó apeada el lunes y si acaso sí deberá relamer sus heridas como Países Bajos o Portugal, entendiendo que, otra vez, habrán dejado escapar una ocasión que muchos entienden indiscutible para reinar.

Y, para acabar esa historia de rivalidad enconada y eterna, no podría faltar el capítulo político. El amistoso disputado en el majestuoso Olympiastadion de Berlín el 14 de mayo de 1938 y en el que las autoridades inglesas aconsejaron (ordenaron) a los futbolistas de la selección realizar el saludo nazi en el momento en que sonaron los acordes del himno alemán.

"Estuve en Suiza, Rumanía, Hungría, Checoslovaquia, Países Bajos, Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Noruega, Dinamarca, Suecia o Yugoslavia; sufrí un naufragio, un choque de trenes y estuve a centímetros de un accidente de avión. Pero el peor momento de mi vida, y uno que no repetiría por propia voluntad, fue cuando hicimos el saludo nazi en Berlín”, recordó muchos años después el capitán de aquella selección inglesa, Eddie Hapgood.

Inglaterra, por cierto, venció por 3-6 ante 110 mil seguidores germanos entre los que se encontraban los más altos mandos de la Alemania nazi... Aunque no Adolf Hitler, quizá temeroso de lo que podía ocurrir en el césped o, quizá, más ocupado en seguir con sus planes que desembocarían 15 meses después en la Segunda Guerra Mundial.