LOS ÁNGELES — El Diablo jugó con fuego. Sus cenizas las recoge el domingo, en Pachuca. Imponente, avasallador y desalmado el equipo de Guillermo Almada. 5-1… y contando.
Ejemplar lo de Tuzos. Aún con esa cautela inteligente de esta Liguilla. Así se puede, así se debe y así se requiere ser campeón. Respetando la esencia divina del futbol: jugar para ganar con la mayor dosis de exquisitez posible. Y que los ratoneros se pudran en el estiércol de sus miedos.
Revisemos la doctrina de la especulación, del indecoroso acobardamiento de los más recientes campeones. Por dogma, Atlas, Cruz Azul, Monterrey, Tigres, América, y entre ellos un León magnífico de Nacho Ambriz, pero que en la fase de Liguilla reculó en la apuesta ofensiva para garantizarse el título.
Cierto, aún quedan 90 minutos en Pachuca, pero es innegable que Guillermo Almada ha cuajado en los Tuzos lo que no consiguió en Santos. Y mire Usted que se cruzó de acera, mediando la autopista del odio. Lo que dejó inconcluso en Torreón lo consumó en La Bella Airosa.
Pero, especialmente las formas, el trámite, la osadía, y la enorme capacidad para leer las fragilidades del adversario y sobre ellas dimensionar las suyas propias. Lo dejó claro en esta Final de Ida ante Pachuca.
Almada anticipó las urgencias de Ambriz por salir airoso de Toluca. Por eso, el Diablo quiso jugar con fuego, negoció en terrenos en los que tenía desventaja y Pachuca no perdonó.
Más dinámico, más ligero, más intenso, más convencido y comprometido, Pachuca se dedicó a asfixiar, recuperar el balón y abrir llagas en la portería de Tiago Volpi y en el marcador. Los mismos diantres que brillaron ante América fueron desnudados.
El madruguete de Romario Ibarra al 8', descuadernó el librito exacto de Ambriz. Y Pachuca montó la emboscada infalible. Le entregó el balón y los espacios a un Toluca desesperado y lo fue aniquilando lentamente. El cazador, cazado. Cuando menos se dio cuenta, Ambriz ya tenía cuatro clavos en su féretro y aún restaba tortura en ese primer tiempo.
Los números no mienten. Pachuca hizo cinco con un 36 por ciento de posesión eficiente del balón. Toluca recibió cinco con las cifras de oropel de un 64 por ciento de posesión. Irónico, sólo hay un técnico que compite en la Liga MX con esa eficiencia de posesión táctica y eficiente de Tuzos, Nicolás Larcamón, y recuérdese que se llevó 11 en el global ante América
Inevitable rememorar el pasaje que reveló Almada sobre la visita de Gerardo Martino a Pachuca. El técnico de la Selección Mexicana le preguntó al uruguayo cómo conseguía esa intensidad, ese compromiso, esa consistencia de marca y despliegue, porque él, le dijo El Tata, “lo he intentado y no he podido”. Ni podrá.
Pachuca ha despedazado adversarios. Tácticamente hizo añicos a los 'viejos' Tigres de Miguel Herrera; se aprovechó de los pánicos eternos de Víctor Vucetich, y le hizo seis al final, y ahora, ordena la alfombra roja para recibir a su víctima con cinco sentencias de muerte en el lomo.
Contrasta sólo, con el penar toluqueño, la fe in extremis de su afición. La autopsia estaba escrita ya con ese 5-0. Aún así, la marea escarlata rugía como si el inminente infierno no estuviera ya domiciliado para sus ilusiones. El 5-1 les permitió rescatar más como un acto de consuelo que de fe, ese 5-1 final.
Por cierto, Víctor Guzmán marcó su regreso. Según @Statiskicks, es el segundo jugador mexicano con más goles y asistencias del 2022 en la Liga MX. Ante Toluca, sumó dos pases para gol, seis oportunidades generadas, 21 de 25 pases precisos (84 por ciento) y tres de cuatro centros exactos. Pero, además del asterisco por el pasaje aquel de dopaje, no entra en el selecto club de amigos del Tata.
¿Ser campeón acercará a Almada a dirigir a la Selección Mexicana? Imposible. Emilio Azcárraga Jean y Alejandro Irarragorri no permitirían que el Tri quede en manos de su acérrimo enemigo, de su más despreciado contendiente, Jesús Martínez Patiño.
