Por mucho, lo mejor del futbol profesional, son los niños que siguen a sus equipos y jugadores. En realidad, admiran, se divierten, y se ilusionan con lo que pasa en el torneo, de manera auténtica. Ven a los futbolistas como verdaderos superhombres y a los clubes como organizaciones fuera de este planeta. Todo debería de ser pensado para alimentar la felicidad de los jovencísimos aficionados.
Los fanáticos adultos, descubren que los futbolistas, muchos de ellos, son unos vividores, mamilas, mercenarios, mujeriegos, fiesteros, bebedores, e interesados a defender los colores del mejor postor. De la misma manera se dan cuenta que la mayoría de los directivos de los equipos son transas, malandrines, corruptos, poquiteros, y soberbios.
Y, también se descubren los aficionados cuando dejan de ser niños, a ellos mismos como seguidores de los equipos porque encuentran en el futbol la oportunidad de chupar sin resentimientos, de sacar furias internas, y de tener un pretexto políticamente correcto para evadir las responsabilidades cotidianas.
De cierta manera todo se pudre con los años, con la edad. Debemos de cuidar a los niños aficionados al fut, y procurar cuidar lo que principalmente a ellos los alegra tan sanamente. Sin cursilerías ni payasadas, hay que valorar a un niño apoyando a un equipo, hay que disfrutarlo, esa alegría natural y auténtica vale más que todo, abruptamente todo lo que se acerca a un balón.
Nunca hay que pretender siquiera que el futbolista es el responsable de la educación de los niños, la responsabilidad es de los padres y maestros; pero tampoco hay que negar que el hecho de que el futbol profesional esté ideado para que gran parte de su estructura económica descanse en la creación de ídolos infantiles, obliga a procurar que los jugadores conserven un comportamiento alejado de marranadas por todos bien conocidas. Lo mismo aplica, aunque con algunas diferencias lógicas, con directivos, árbitros, comunicadores, y todos los que tienen que ver algo con el futbol.
Aunque por intereses lucrativos, lo queramos plantear como otra cosa, la esencia del futbol es la de un juego, y los juegos principalmente son para los niños.
Todos los que en verdad nos gusta el futbol, iniciamos nuestra afición como niños, los recuerdos más bonitos de nuestra infancia se relacionan con nuestros equipos y jugadores favoritos. Después todo cambió, nos maleamos, algunos hasta tuvimos la desfachatez de vivir de ese deporte directa o indirectamente.
Si tenemos presente lo que sentíamos por el fut cuando éramos niños, seguramente lo trataríamos con mucha más nobleza, respeto, cariño, y hasta sentido común.
