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El rival en segundo plano

ESPN Digital

Un equipo sin liderazgo que replantee los objetivos una vez que haya herido al rival, es un equipo con tendencia al fracaso

Existe esa extraña costumbre, en cualquier tipo de competición, de utilizar el primer 'round' para medir al rival. En realidad, me parece más negativa que extraña, la verdad, ya que pocas veces he identificado a los grandes y habituales ganadores aplicando la mencionada estrategia. Los contendientes seguros y confiados de lo que son, salen a la batalla con el objetivo de superarse a sí mismos, exponer su máxima versión, y, por ende, solamente como resultado de esto, vencer al rival.

Me da la sensación, tengo la hipótesis desde hace tiempo, que los equipos que utilizan los primeros minutos de un partido, hablando específicamente de fútbol, para medir al rival, únicamente se ocuparan de tener una actuación “una rayita” por arriba de lo exigido ante la determinada circunstancia. Poniendo un ejemplo; del minuto uno al diez evalúo qué tengo en frente, si el rival es un seis de calificación, entonces durante los restantes 80 minutos aspiraré a ser un siete y, probablemente, obtenga la victoria. Desde mi punto de vista, esta es una estrategia arriesgada y deshonesta. Arriesga porque estás al filo, con el rival siempre acechándote, y deshonesta porque la vida te brindó recursos para utilizarlos/exponerlos, no para atesorarlos.

Llegado a este punto, quizá concuerden conmigo, en el aspecto de actuar siempre buscando tu mejor versión, pero no estén convencidos de que esa versión deba ser expuesta desde el minuto uno. A muchos líderes no les gusta “salir a matar”, son más de una actitud reactiva: salimos, estamos atentos, nos agazapamos, y cuando llegue el momento oportuno sorprendemos al enemigo y lo atacamos. El plan suena coherente, pero al llevarlo a la práctica emergen muchas dudas e imponderables. ¿Cuánto, cómo y dónde “agazaparnos”? ¿Qué hacemos si los sorprendidos somos nosotros antes? ¿Y si cuando queramos atacar el tiempo ya no es suficiente? Son solamente algunos ejemplos.

Sin duda que el cómo encaras la vida será la misma forma en que lideras o diriges. En lo personal siempre me ha dado angustia quedarme corto en recursos o que no sea suficiente lo que hago, por esa razón expongo y me voy desde el comienzo a todo meter, evitando así un futuro y permanente arrepentimiento. Frío y calculador versus apasionado y desbocado. No es mi propósito convencerte que mi decisión es la adecuado, es más, mi única recomendación sería que no imites. Contacta con tu esencia y confía en ella, se coherente con lo que eres y lo que pides a tus jugadores. Lo único injustificable es obviar, dar por hecho o imaginar que tus dirigidos, en el momento de la competencia, con el estrés que eso representa, podrán elegir, y luego comunicarse, qué plan seguir.

Cuando vas ganando, el rival está “herido”, únicamente “muere” en el momento que el árbitro pita el final del juego. Estar herido no es forzosamente sinónimo de debilidad o inferioridad, existen distintas formas de reaccionar a una agresión, eso depende de la personalidad de cada equipo o competidor. Un equipo sin liderazgo que replantee los objetivos una vez que haya herido al rival, es un equipo con tendencia al fracaso. Desde dentro de la cancha, los jugadores, hacen análisis y toman decisiones 100% viscerales, con limitados fundamentos e información. Desde el interior, y con una falsa creencia de superioridad, se suele llegar a la conclusión que a un rival de dificultad 6/10 basta con un 7/10 para superarlo, pero en el deporte como en la vida, a un rival con dificultad 6/10 muchas veces ni siquiera un 9/10 es suficiente.

No me gusta, no disfruto, no soy partidario de economizar recursos cuando de competir se trata. Prefiero la sensación de haber gastado en exceso por una victoria que se pudo haber conseguido con menos recursos, al espantoso sentir de ser derrotado sin haber expuesto tu mejor versión. Tras la derrota o la victoria la vida sigue, y para afrontar ello hay que estar preparado.