México: Tras 8 años, 3 golpes de estado y 4 DTs, todo sigue igual

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En la Ciudad de México, a dos semanas y días de la inauguración en el Estadio Azteca, las obras viales y de transporte colectivo, los operativos de seguridad y vigilancia, están en obra negra.


LOS ÁNGELES -- Hace casi ocho años (junio 13, 2018) en Rusia, México se enteró que sería comparsa, junto con Canadá, del Mundial asignado a Estados Unidos.

Hace casi ocho años que la reflexión del entonces presidente de la FMF, parecía –para los ilusos--, esperanzadora. “Tenemos tiempo suficiente para hacer un gran Mundial, como sede y como selección”, dijo entonces Decio de María, quien ya empezaba a ser segregado de la FMF, por los quehaceres maquiavélicos de Yon de Luisa.

Ocho años después, y después de tres cambios de mando en la FMF y después de cuatro entrenadores de la Selección Mexicana, la ilusión es un privilegio estricto de los ilusos de tribuna y de sofá, y de los ilusionistas de oficina y de algunos medios. Oro por espejitos.

Ocho años después, a pesar del “tenemos tiempo suficiente”, las condiciones no son ni tan distintas ni tan mejores de anteriores gestiones mundialistas. La esperanza sigue siendo un refugio del autoengaño.

Ocho años después, al menos en México, no hay garantías de “hacer un gran mundial”. Ni como sede ni como Selección Nacional.

En la Ciudad de México, a dos semanas y días de la inauguración ante Sudáfrica en el Estadio Azteca, las obras viales, las obras en el transporte colectivo, los operativos de seguridad y vigilancia, están en obra negra, con tramos a oscuras y siendo hoy una amenaza para los ciudadanos.

En Guadalajara, el estadio de Chivas cumple ya todos los requisitos, mientras que en el Azteca hay parches pendientes. El Guadalajara entregó sin quejas su escenario. El problema es todo el sistema de transportación, y el desafío a un aficionado habituado al sedentarismo, lo cual ocurrirá también para el capitalino y el regiomontano.

¿Y en cancha? Dudas. La incertidumbre cohabita horas extras en las entendederas de Javier Aguirre.

Después del partido contra Ghana, el principal lamento del Vasco fue un gemido profundo que aterrizó en todos los clubes de México.

Aguirre se quejó de la manera equivocada de resolver la última jugada. Y específicamente de la manera de enviar al balón al área. Gimoteó que sus jugadores no supieran elegir entre una simpleza, como servir al área con efecto hacia adentro, o hacia afuera, o con potencia, o al segundo poste. Sí, sin decirlo, lo denunció: sus jugadores se escaparon en las clases de párvulos. ¿O sería un recurso para esconder otras carencias, principalmente de orden estratégico?

Sin embargo, es cierto. Ya no debería ser una chamba del entrenador de la Selección Nacional, de cualquier selección nacional, enseñar a tomar decisiones, ni tampoco que les represente un desafío intelectual o filosófico, simplemente elegir el golpeo correcto del balón.

Y por las expresiones de Javier Aguirre queda claro que ese es apenas uno de los problemas que encara. Y que son herencias envenenadas. Presuntamente, los europeos deberían exhibir menos taras de este tipo, pero…

Queda claro que es un defecto en la formación del futbolista. Y queda claro que el jugador mexicano ve menos futbol del que debería de ver, y mira y analiza menos futbol del que debería de mirar y analizar. Prioriza, sin duda, fantasear en juegos de consola que en la autocrítica.

Ciertamente el partido ante Ghana no permitió recolectar muchas conclusiones. Los africanos presentaron un arrejuntado de emergencia, que, entre el desentendimiento propio como equipo, cargó con los estropicios del jetlag. y la incongruencia de su congruente papel de patiño. No es su culpa.

Notable nuevamente, más allá de la intimidación de una patada criminal que se llevó al arranque del juego, Gilberto Mora. Su inteligencia y criterio en cada posesión de balón, rebasa a la media del jugador mexicano. Aguirre lo comparó con Manuel Manzo y con Tomás Boy, entre otros. En lo personal concedería más semejanzas con las enormes virtudes –lástima de sus enormes vicios--, de Manuel Manzo, un futbolista que aglutinaba todas las condiciones de crack.

En un escenario favorable para el lucimiento, aprovechó también Bryan Gutiérrez para confirmar que es el sustituto natural de Marcel Ruiz si es que el toluqueño no salta en la lista secreta y sagrada del primero de junio.

Insisto, Ghana no fue el mejor sinodal, pero sí fue el mejor cómplice para que la afición, Aguirre y sus jugadores, gozaran de una tregua, una reconciliación armoniosa, al menos, hasta el amistoso de este sábado ante Australia, cuando seguramente muchos angelinos se aglomeren para ver en vivo a un bosquejo de una Selección Mexicana que difícilmente podrán ver ya durante la Copa del Mundo.

Y pensar que unos y otros vocingleros congratulaban a la FMF por contratar a Ghana, porque “es africano y juega como Sudáfrica”, en una pulcra manifestación de estulticia. Y pensar que ellos mismos tuvieron un mes de Copa Africana de Naciones para ver tan disímbolas formas de jugar al futbol.

Australia será el último escrutinio para el cuerpo técnico del Tri, para elegir a sus 26 paladines. Cierto, el Vasco Aguirre ha dejado en claro que escuchará a su cuerpo técnico, pero la decisión final será suya…o casi.

Y ante Serbia (Junio 4, Toluca), ya se sabrá quiénes jugarán ante Sudáfrica, a excepción, tal vez, del arquero. Ya será la primera y única oportunidad del Vasco de poner en la cancha a los que quiere, aunque no necesariamente a los que debe o a los que puede.

Así pues, ocho años, tres golpes de estado (Decio de María, Yon de Luisa, La Bomba Rodríguez) y cuatro técnicos después, México demostrará al mundo que aún con dos ciclos mundialistas de por medio, no ha sido capaz de organizar, coherentemente, ser sede de sólo una fracción del Mundial, ni de presentar una saludable Selección Nacional. Más allá de lo que los ilusionistas a sueldo sigan vendiendo a los ilusos.