Imaginar la situación da escalofríos. Noche de invierno. Niebla. Un barco que se hunde y que no dejó otra alternativa que lanzarse al agua para sobrevivir. En Racing lo esperaban para entrenar sin saber que Lucho Borges estaba peleando por su vida.
La historia de Carlos Lucho Borges es increíble. El exdelantero, que marcó su nombre a fuego al anotar el primer gol de la historia de la CONMEBOL Libertadores, sobrevivió a un naufragio y salvó la vida de un niño.
Borges se formó en Peñarol y por la década del 60 pasó a Racing de Avellaneda donde formó parte de una delantera que reunía a Corbatta, Pizzutti, Mansilla y el Marqués Sosa.
Todo comenzó cuando, después de un triunfo de Racing sobre River Plate, Borges decidió tomar un avión con destino a Montevideo para celebrar el cumpleaños de su hijo.
El detalle es que no pidió permiso, pero como ya tenía marcado el pasaje de regreso, se vino tranquilo. Claro que Borges no contaba con que al otro día se cancelaran los vuelos debido a una intensa niebla que azotó los aeropuertos de ambos márgenes del Plata.
“Cuando al otro día quise volver me vi impedido y comencé a ponerme nervioso, por lo que no tuve más remedio que llamar telefónicamente a la sede de Racing y explicar los motivos de mi ausencia. Me dijeron que regresara lo antes posible pues me necesitaban”, comenzó narrando el jugador en Estrellas Deportivas del desaparecido El Diario.
Choque y explosión
Borges siguió narrando con lujo de detalles: “Aproximadamente a las 3 de la madrugada se escuchó un gran estruendo, a la vez que el barco se iba inclinando hacia un costado, mientras la luz se tornaba cada vez más tenue. Había caído al piso y me encontré con el salvavidas que estaba debajo de la cucheta. Increíblemente mi compañero dormía profundamente. Traté de despertarlo y logré que lo hiciera debido a los tirones que le dí. Él me dijo: ‘¡Dejame dormir tranquilo!’. A lo cual respondí: ¡Levantate que nos estamos hundiendo! Ofuscado me pidió que encendiera la luz, pero ya no prendía. Se sentó en su cucheta mientras yo corría a cubierta. No había nadie, pero sí vi cómo nos estábamos inclinando en medio de la densa niebla. Bajé inmediatamente para dar aviso. Lo volví a despertar y subimos. Ya había mucha gente pero nadie sabía lo que pasaba. Los tripulantes no decían nada”.
“De pronto sucedió lo inesperado y cundió el pánico. Se produjo una explosión y de inmediato comenzaron a brotar llamas en la sala de máquinas. La gente se enloqueció. Algunos comenzamos a querer desprender los botes salvavidas, pero salvo uno, no pudimos. Entonces empezamos a tirar bancos y cualquier cosa de madera al agua. Todo lo que flotaba servía. Muchos no esperaron que los maderos llegaran al agua y se lanzaron desesperados al río. Una gran parte pereció”.
Al agua
En medio de la desesperación, Borges, a pesar de revelar que no sabía nadar, se lanzó al agua.
“Cuando yo me tiré lo hice al lado de un banco que poco antes había arrojado un grupo. Y me prendí de él, cuando ya una docena de personas lo habían hecho. Estábamos al lado del barco. Una mujer se asomó por la cubierta y tiró a su hijo de unos siete años a la vez que gritaba: ¡Por favor no dejen morir a mi hijo! Por unos segundos todos nos mantuvimos aferrados al banco y a pesar de no saber nadar salí en búsqueda del niño. Estaba a unos 10 metros de nosotros y logré traerlo, no sé cómo”.
El exdelantero de Peñarol y Racing siguió adelante con la atrapante narración: “La corriente nos fue llevando. El frío era insoportable. Las horas fueron pasando, pero las consecuencias siguieron siendo tremendas. Una a una, murieron cuatro personas que iban con nosotros. Es difícil contarlo. Yo en ese momento me mantuve lúcido, pero después pagué las consecuencias. Me costó más de dos años recuperarme y hoy todavía me angustio, pero es parte de mi vida”.
Borges indicó que cuando amaneció, y tras estar muchas horas en el agua, la situación permaneció incambiada. La niebla no se iba. Quería gritar pero no podía porque tenía la mandíbula dura del frío. Hasta que divisaron un barco. El King, un patrullero de la Armada Argentina que había ido al rescate. Les dieron abrigo y los pusieron al lado de las calderas para calentar el cuerpo.
Entre lágrimas, según se describe en la nota, Borges narró que en medio de aquella locura se encontró con el niño al que había rescatado. Cuando le estaba dando de comer apareció un hombre buscando a su hijo que no era otro que el niño que estaba con Borges. “Aquel encuentro fue inenarrable. Sé que nos abrazamos los tres, con lágrimas en los ojos”, expresó.
Al entrenamiento
“Horas más tarde nos llevaron al puerto de La Plata y allí, tras identificarnos, nos dieron ropa y me llevaron a la sede de Racing”, contó Borges.
Fue entonces que pidió que lo llevaran a la cancha. Cuando llegó sus compañeros estaban entrenando y el médico le negó formar parte del mismo. Pero Lucho se mandó al campo de juego hasta que cayó desmayado.
“Cuando desperté habían pasado varios días. Mi recuperación fue extremadamente lenta. Me dieron licencia médica y me vine a Montevideo. Fui empeorando, aquel trance parecía no poder superarlo. Me tenían que ayudar hasta para cruzar la calle porque tenía pánico. Los esfuerzos de mi familia y de los médicos que me atendieron, permitieron que me fuera recuperando y así, poniendo un gran empeño, pude volver al fútbol, pero ya nunca fui el de antes”.
