NHL: Para amar al hockey hay que entenderlo y disfrutarlo

play
Flyers reaccionan tras dos tropiezos y superan 2-0 a Bruins (1:58)

La temporada 2026-27 arranca el 29 de septiembre con 32 equipos, 84 partidos por club y 16 lugares en los playoffs.


No hace falta dominar el reglamento para dejarse atrapar por él; basta con entender qué ocurre cuando el árbitro levanta el brazo o un portero abandona su arco.

El hockey se mueve tan rápido que, al principio, parece que las reglas van detrás de los jugadores. Cinco patinadores y un portero por equipo persiguen un pequeño disco de caucho, el puck, durante tres periodos de 20 minutos. Los cambios se hacen con el reloj en marcha: una línea sale agotada y otra entra sin darle respiro al rival. Esa continuidad es parte de su encanto. En cuanto uno aprende a seguir el disco, empieza a descubrir todo lo que ocurre a su alrededor.

Una de las primeras cosas que llama la atención es la penalty box -congeladora-.

Un jugador puede terminar allí por hacer tropezar, sujetar o golpear indebidamente a un adversario. Si recibe una penalización menor, debe permanecer fuera dos minutos y su equipo suele defender con inferioridad numérica. El rival tiene entonces un power play: para buscar el gol. Se mueve el disco con paciencia, de lado a lado, hasta encontrar un hueco para disparar.

A veces el castigado vuelve antes de que se cumplan los dos minutos. No es un error del reloj: un gol del equipo que tiene la ventaja normalmente pone fin a una penalización menor. También puede darse lo contrario que anote en que tiene menos patinadores y eso se llama un 'short handed'. Las penalizaciones mayores funcionan de otra manera. Duran cinco minutos completos aunque el rival anote. Mientras tanto, el equipo con menos hombres intenta resistir; esa labor defensiva se conoce como 'penalty kill'. Una buena actuación allí puede levantar a todo un estadio tanto como un gol.

Para apreciar lo que puede hacer un gran atacante con el disco, vale la pena seguir a Connor McDavid. El capitán de Edmonton terminó la campaña anterior con 48 goles y 90 asistencias, para 138 puntos, y ganó su sexto 'Art Ross Trophy' como líder anotador de la NHL. En hockey, el pase que prepara un gol también suma a la cuenta del jugador. McDavid tiene una habilidad especial para encontrar ese pase cuando el resto de la pista parece cerrada. La nueva temporada, ampliada de 82 a 84 juegos por equipo, le dará dos partidos más para perseguir otra marca.

Otra escena puede resultar desconcertante: un equipo pierde por un gol y retira a su portero cuando el partido está por terminar. El entrenador lo sustituye por un sexto atacante para aumentar sus posibilidades de empatar. La decisión deja la red vacía -empty net-; si el adversario recupera el disco, puede sentenciar el encuentro. Es un riesgo calculado que transforma los últimos minutos en una sucesión de oportunidades y sobresaltos.

El portero también puede salir durante una penalización diferida. En esa situación, el árbitro ya detectó una falta, pero permite que la jugada continúe mientras el equipo perjudicado conserve el disco. Este aprovecha para añadir un atacante. Cuando el infractor obtiene el control del puck, se detiene el partido y se aplica el castigo. La portería queda desprotegida durante ese breve tramo, por lo que un rebote desafortunado todavía puede causar problemas.

Quedan dos silbatazos habituales. Hay fuera de juego cuando un atacante entra en la zona rival antes de que lo haga el disco. Y puede haber despeje ilegal, llamado icing, si un equipo lanza el puck desde su mitad hasta el fondo contrario sin que nadie lo juegue en el trayecto. Tras la interrupción, el árbitro deja caer el disco entre dos rivales para reanudar el encuentro. Ese momento se llama 'face-off'.

La NHL tendrá 1,344 partidos de temporada regular, un récord para la liga. Podrá seguirse a partir de este 29 de septiembre por ESPN y Disney+, en un recorrido que llegará hasta la conquista de la Copa Stanley en junio de 2027. Habrá muchas ocasiones para aprender una regla nueva. Y también para entender por qué, una vez que el hockey atrapa a alguien, siempre quiere ver caer el siguiente disco.