Tomar una Copa del Mundo para juzgar la calidad del arquero suele ser algo muy poco representativo. Los equipos que llegan a semifinales disputan apenas siete partidos y el resto, como mucho, cinco. Pero tener un buen Mundial sí es buen elemento para confirmar la valía de un buen guardián bajo palos.
Incluso, un excelente portero puede pasar desapercibido si el sistema defensivo de su equipo no permite demasiadas libertades. No es el caso, por ejemplo, de Keylor Navas, Tim Howard y Guillermo Ochoa, a quienes no les quedó más remedio que erigirse en protagonistas de las aspiraciones de sus conjuntos.
Entre los dos arqueros que saldrán a la cancha el domingo en el Maracaná existe una marcada diferencia. Mientras Sergio Romero es un decente jugador, Manuel Neuer es un mucho más allá que un mero defensor del área chica.
El portero del Bayern es el complemento perfecto para la última línea de su club. El actual campeón de la Bundesliga juega muy metido en campo contrario y ese espacio que yace a las espaldas de sus centrales pudiera ser un claro punto en contra si Neuer no tuviera la capacidad para salirse de su posición y despejar cualquier intento de apoderarse de esa zona.
No sólo eso, cuando le toca plantarse ante un delantero rival su gran envergadura lo convierte en un obstáculo muy difícil de superar. Aunque esta situación se da muy poco y pudiéramos pensar que su relativa falta de intervenciones juega en su contra, nada está más lejos de la verdad.
Su constante atención al juego y su perenne búsqueda de una salida prolija lo mantienen muy activo y muy pocas veces toma decisiones equivocadas.
Contra Argentina, una selección con delanteros muy explosivos, esto representa una gran ventaja. La escuadra de Alejandro Sabella tiene correctos defensores y un buen arquero, pero Alemania tiene excepcionales defensores, un magnífico portero y lo mejor de todo, una sociedad entre ellos como ninguna otra selección en el mundo.
Es por eso que el trabajo sostenido de la dirección técnica de la Mannschaft han rendido tantos frutos en los últimos años, pues apenas ha sufrido imperceptibles transiciones y se apegado al innegable bastión de la continuidad, de la idea y de sus jugadores.
