Con apenas un año de vida, a Ryan Peniston le detectaron un tumor alojado en el estómago. Rabdomiosarcoma rezaba un nombre tan feo como lo que trae atado: un tipo de cáncer asociado a los músculos que van pegados a los huesos y que afecta principalmente a los niños.
Varias sesiones de quimioterapia consiguieron curar al británico, quien hoy 25 años después de aquella enfermedad consiguió en Queen's su segunda victoria como profesional. Francisco Cerúndolo fue el derrotado pero... ¿qué importa?
Peniston, un habitual de los torneos Futures y Challengers, nunca había disputado un partido ATP hasta esta semana. Es el número 180 del ranking mundial y no había tenido ninguna oportunidad de medirse a los mejores. Hasta que una casualidad, una especie de suerte ligada a Andy Murray le permitió aparecer en el típico torneo londinense. La racha de Murray en Stuttgart, donde alcanzó la final, provocó que el ganador de tres Grand Slams no necesitara de una invitación para jugar en Queen's. La ATP le dio una "exención especial" por haber llegado lejos en el torneo que se jugaba la semana anterior, por lo que una de las tres 'wildcards' que reparte Queen's quedaba libre. La organización ya no tenía que debatirse entre dársela a Liam Broady, que había sido invitado en cuatro ocasiones al torneo, o Peniston, que nunca había tenido tal honor.
Con la participación asegurada, al británico le tocó bailar con la más fea. O al menos la más fea según el ranking. El sorteo le emparejó con Casper Ruud, número cinco del mundo y reciente finalista de Roland Garros. Un cruce fatal, si no fuera por la superficie donde se jugó. Peniston, que venía de jugar seis partidos sobre pasto (4-2) entre los Challengers de Nottingham y Surbiton, se cargó al noruego. La mejor victoria de su carrera, la primera a nivel ATP, la primera ante un 'top ten', un top 20, un top 50 y solo la cuarta ante un top 100.
En la segunda ronda volvió a vencer a otro Top 50 como Cerúndolo, en un partido que tuvo al público como su principal aliado. Los británicos ayudaron a que su zurda muestre un tenis muy adaptado al césped para meterse en cuartos de final y seguir soñando con hacer la épica.
"No recuerdo mucho de aquello, lo que imagino que es bueno", dijo en rueda de prensa. "Fue una manera difícil de empezar mi vida. Sobre todo tuvo que ser duro para mis padres y hermanos. Tras eso, tuve análisis y chequeos cada dos años, a veces una vez al año, para ver que todo está bien. Y aquí estoy", añadió.
Peniston, que necesitó tres años para librarse del cáncer, comenzó a jugar al tenis con tres años, para más tarde, con trece, mudarse a Francia, más concretamente a Niza, a la que ahora es conocida como la Academia Mouratoglou - el que fuera entrenador de Serena Williams y que ahora aconseja a Stefanos Tsitsipas-.
No fue hasta 2019 cuando Peniston disputó su primer Challenger, en Surbiton, cuando aún estaba fuera de los 600 mejores del mundo. A base de jugar Futures, el tercer escalón del tenis, logró meterse entre los 400 mejores en septiembre de 2019, con casi 24 años. En agosto del año pasado llegó a su primera final en el Challenger de Praga, perdida. Como las dos siguientes en Antalya y Ostrava. Esta última le sirvió para meterse por primera vez, el pasado mes de mayo, entre los 200 mejores del mundo.
En la noche anterior a su debut en el ATP 500 de Queen's, Peniston reconoció que le costó dormir. "Estaba muy nervioso. Era mi primer partido ATP y encima en casa. Lo bueno es que sabía que no tenía nada que perder". Su gran año le ha valido no solo la oportunidad de seguir creciendo en Queen's, también disputar el cuadro final de Wimbledon, que le ha dado una invitación.
"Es increíble, porque tengo una pequeña lista de objetivos. Jugar el cuadro final de Wimbledon es el primero de ella. Ha sido muy emotivo", aseguró el que sueña. Y al que sueña los sueños se le cumplen.
