Boca tenía todo para celebrar y consolidarse como líder de su zona (y de la tabla anual) y dejó escapar la oportunidad en La Bombonera ante Central Córdoba, por la novena fecha de la Zona A del Torneo Clausura 2025. Ganaba de forma merecida, pero desperdició su mejor momento y rozó la caída bochornosa. ¿Qué pasó para que el Xeneize virara de un 2-0 que se perfilaba para goleada a un 2-2 con sabor a derrota?
Por qué Boca pasó de la exhibición al derrumbe
Falta de efectividad, permeabilidad anímica y dependencia de su dupla de mediocampistas centrales son algunos de los males que aquejaron al equipo de Miguel Ángel Russo en la noche del domingo.
El Xeneize no supo cerrar el resultado cuando tuvo opciones y desperdició la arrolladora actuación de los primeros 60 minutos, luego se dejó empujar y tropezó. En ese lapso, delanteros, mediocampistas e incluso defensores desaprovecharon oportunidades claras de gol. Después de varios intentos fallidos, Rodrigo Battaglia abrió el marcador y Miguel Merentiel puso el 2-0, en la segunda etapa de un encuentro que hacía rato debía ser goleada.
Durante la primera hora de juego, Boca hizo 575 toques, creó 15 chances, remató 18 veces y tuvo 6 tiros al arco. Pasado ese tiempo, los números se desplomaron: los toques fueron 203, las chances 3, los remates 6 y los tiros al arco 2.
El motivo principal de la frustración del Xeneize tuvo que ver con la magnitud de la expectativa que había generado en la etapa inicial: exhibió juego colectivo, mostró ambición y contagió el respeto que significa visitar La Bombonera. Cuando Boca entregó la tenencia de la pelota, Central Córdoba lo aprovechó, llegó el gol de José Florentín y todo se desmoronó para el conjunto local.
Entre las causas principales que explican por qué Boca perdió la chance de celebrar ante Central Córdoba está la dependencia absoluta de Leandro Paredes y su dupla central con Rodrigo Battaglia. Los dos mediocampistas cada día se entienden mejor y juntos marcan los tiempos dentro del campo.
Cuando el campeón del mundo se asocia con el ex-Botafogo hay sensación de control y criterio en el Xeneize. Se producen pasajes en los que se entiende la búsqueda de Boca y, así, el juego fluye. Los laterales se lanzan al ataque, los delanteros presionan más alto, la voz de mando desde la columna vertebral del equipo se escucha fuerte y clara.
Pero, ¿qué pasó cuando los volantes se cansaron? Boca lo sufrió y el funcionamiento colectivo se resintió de forma severa. Con la merma física de los conductores, los locales perdieron el ensamble, la lucidez y, en consecuencia, la concentración.
En este contexto, y después de una hora de juego frenético, lo llamativo fue que Russo hizo tan solo una modificación, recién a los 74 minutos, cuando el trámite del partido ya estaba trunco. En contraposición, su colega Omar De Felippe aprovechó las ventanas y movió el banco con muchísimo tino.
A los 58 minutos, Central Córdoba metió tres jugadores frescos (Lucas Besozzi por Matías Vera, Diego Barrera por Matías Godoy y Gastón Verón por Matías Perelló) y cuatro minutos después apareció el gol de Florentín.
El descuento de la visita lo cambió todo, incluida la atmósfera de La Bombonera. En un parpadeo, el sonido ambiente pasó del tono festivo al reclamo. Y ante un público que no acreditaba lo que ocurría, Iván Gómez clavó un golazo de película y sentenció el 2-2 definitivo, muy doloroso para Boca.
De esta manera, el Xeneize pagó carísima la falta de efectividad en un primer tiempo brillante y terminó sufriendo, en una noche que pintaba para goleada y se transformó en una nueva desilusión.
