"Empecé a perder ese amor por el fútbol argentino. Tal vez porque crecí con el Apertura y Clausura de 20 equipos. Hoy uno no se va dando cuenta de las cosas. Hay Grupo A, Grupo B, hay que entender cómo se conectan… Uno como que empieza a perder de a poco ese amor”. Cuando le consultaron en una entrevista reciente a Nicolás Tagliafico si analizaba regresar en algún momento de su carrera al fútbol argentino, el lateral izquierdo de Lyon soltó una confesión que encarnó el sentimiento de muchos hinchas, a los que la organización actual los confunde y hasta los llega a repeler. Aunque para esta temporada, casi por accidente, apareció una competencia con rasgos que llaman a la memoria emotiva de los futboleros.
Cuando a fines de noviembre de 2025, la AFA decidió darle un título de campeón a Rosario Central por haber acumulado más puntos en la suma de los dos torneos del año, la sensación generalizada fue, entre otras, de sorpresa. Sobre todo porque se otorgaba una estrella que hasta ese momento no se sabía que estaba en juego. Aun con ese comienzo turbulento, resultó el hecho fundacional para que empezara otra historia.
Tabla anual: una disputa por un título con el sello de antes
“Ahora, a festejar en el avión y pensar en Independiente, que es un clásico y hay que defender la tabla anual”, comentó Rodolfo Arruabarrena cuando todavía se escuchaban los ecos por la victoria de Boca Juniors en la semifinal de la Copa Sudamericana ante Vasco da Gama. “La anual te da un premio por la regularidad de estar ahí arriba. Es muy importante esa pelea”, explicó Nicolás Diez, entrenador de un Argentinos también metido en la disputa.
Por esa paridad que históricamente fue un valor diferencial positivo del fútbol argentino, no sorprendió encontrar a un importante número de equipos con buenas posibilidades de llevarse el primer puesto de la tabla anual a pocas fechas del final. Algunos, aunque estuvieran ya casi clasificados a los playoffs e incluso en carrera en otras competencias, como el caso de Boca, mantuvieron siempre un ojo en esa disputa que les daba la chance de una nueva copa para sus vitrinas.
En el medio, tampoco se puede ignorar que además del cupo para el campeón, la tabla anual otorga otras dos plazas para la Libertadores. Así, incluso cuando en esa lucha por la preciada estrella no se pueda conseguir el premio mayor, también está siempre el aliciente de que se puede llegar a la competición más importante de clubes del continente, aún como segundo o tercero. En esa pelea están ahora, Boca, Rosario Central y Vélez, entre otros.
El título de 2026 y una diferencia esencial
A partir de las fuertes críticas por la experiencia del año anterior, quedó establecido desde antes del comienzo de la temporada que al final de 2026 habría, más allá del resultado de la Liga Profesional, un campeón de la tabla anual. De esta manera, se salvó la importante objeción de que no se debía otorgar un título por algo que no se sabía que estaba en juego.
Las reglas, entonces, estuvieron claras desde el inicio y así los clubes tuvieron plena consciencia del premio que esperaba al que sumara mayor cantidad de puntos. Una diferencia importante con el formato de copas, que permite que un equipo de excelente campaña en la fase previa caiga ante uno ingresado por la ventana, como ocurrió con Rosario Central el año pasado contra Estudiantes de La Plata, que luego se consagraría campeón.
El detalle de conocer de antemano que se otorga un título es fundamental y eleva sustancialmente la calidad del logro. Entre otras cosas, porque implica la posibilidad para muchos clubes de armar un plantel de largo aliento que apunte de forma específica a ese objetivo, sin depender del azar que a veces aparece en los playoffs, cuando una mala tarde puede terminar con el buen trabajo de toda una temporada.
Boca, River y un plato fuerte
Cuando se conoció el fixture a comienzos de año, quienes estaban al tanto de la novedad reglamentaria notaron un detalle importante: en la penúltima fecha de la fase previa de los dos campeonatos se enfrentarían Boca y River. Eso implicaba que en el segundo de los encuentros estuviera la posibilidad importante de que uno de los dos se coronara campeón ante el rival de siempre.
En las dos veredas, la primera posibilidad que afloró con el morbo fue que River pudiera dar, como en 1986, la vuelta en La Bombonera, una ilusión grande para los de Núñez y un temor importante para los de la Ribera. Pero también estaba la chance opuesta: que el Xeneize se consagrara nada menos que ante el clásico rival. En los dos casos, claro está, se necesitaba no solo que estuvieran primeros al cabo de la penúltima fecha sino con una ventaja de al menos cuatro puntos sobre su más inmediato perseguidor.
En una época en la que los hinchas empezaban a relativizar casi cualquier resultado de la fase previa de los torneos porque todo pasaba a definirse en los playoffs, posibilidades como la de una vuelta en el Superclásico encendieron un interés más propio de años anteriores. Y nada de eso habría sido posible sin el título para el ganador de la anual.
Una tradición necesita tiempo
Conviene recordar que aquella organización del torneo añorada por muchos futboleros, además de por Tagliafico en su entrevista con Clank!, no estuvo siempre. Que recién en 1990 (dos años antes de que naciera el lateral izquierdo de la Selección, que hoy cuenta 34) se dividió la temporada en Apertura y Clausura y que hubiera dos campeones anuales. Ese modelo, hoy muy valorado, fue por cierto bastante resistido en aquel entonces, con argumentos razonables, por los que consideraban más justo un solo campeonato para todo el año. Como también habrá sido cuestionada en su momento la creación en 1966 de un torneo Metropolitano y otro Nacional por año, formato que se mantuvo hasta 1985.
El punto a atender, en todo caso, es que el fútbol siempre está abierto a modificaciones y que lo que hoy se mira con desprecio por la novedad bien podría ser observado con nostalgia dentro de unos años.
Dentro de esas salvedades, la pelea por la tabla anual, firme desde el comienzo de la temporada por primera vez en 2026, dejó argumentos suficientes como para quedarse. Entre otras cosas, por el guiño a aquellos viejos campeonatos del fútbol argentino, en los que no todo podía quedar supeditado a una definición por penales.
