SANTA CLARA -- Durante el primer tiempo, Argentina dejó en claro que la mejor forma de lastimar a Chile era presionar a la salida para recuperar la pelota en campo rival. Sin embargo, aunque conocía la receta no pudo desnivelar por errores de definición. En el complemento esas fallas desaparecieron y llegaron los goles. Gracias a la conexión entre Ever Banega y Angel Di María.
Ambos fueron las figuras de la Selección en el debut en la Copa América Centenario. Entre los dos, hicieron lo imposible: que el equipo no extrañe a Lionel Messi. O por lo menos que su ausencia sea menos lamentable. Para explicar su gran rendimiento, lo más fácil es hablar de los goles. En el primero, Banega asistió a Di María y en el segundo fue a la inversa. Pero el aporte de la dupla fue más allá.
Cuando no está Messi, el atacante de PSG se calza el traje de líder del ataque nacional. No es la primera vez que su figura crece cuando el capitán no puede jugar. Y esto no tiene que ver con una incompatibilidad de caracteres, sino con la confianza que se tiene Di María, quien se cree capaz de llenar algunos de los espacios que deja vacío el Diez. Y lo hace.
En el primer tiempo fue el jugador más peligroso de la Albiceleste por velocidad y despliegue en la ofensiva. Fue clave a la hora de presionar y también de salir de contra. En la segunda parte, pudo aprovechar mejor los espacios que ya dejaba Chile y su primer gol abrió todavía más a la defensa de la Roja. Luego, fue cuestión de acelerar en el momento justo para lastimar.
Por su parte, Banega estuvo impreciso y algo incómodo en la parte inicial, pero siempre se mostró como salida clara. Por momentos jugó como un enganche clásico y por otros lo hizo tirado a la izquierda. Desde allí fue mucho más profundo y pudo explotar su mejor faceta del juego: la sociedad con Di María. En menos de diez minutos, el siete y el 19 fabricaron los goles y le dieron a Argentina un triunfo clave en la presentación en la Copa.
Los goles tuvieron todo: decisión para anticipar, claridad para la asistencia y frialdad para definir. Intercambiaron papeles con naturalidad y demostraron su calidad incluso sin Messi en la cancha. Con el astro rosarino pueden crecer todavía más. Y entonces esta conexión podría llevar a Argentina hacia la gloria.
