Trezeguet y Zico: las conexiones de Egipto con Sudamérica de cara al Mundial 2026

Quizás suene extraño: son faraones con cadencia sudamericana. Egipto, uno de los equipos africanos clasificados para el Mundial 2026, representa un caso particular: tiene un peculiar puente deportivo que cruza el Océano Atlántico hacia el Cono Sur, con foco preciso en Argentina y Brasil.

Esa conexión aparece en historias muy distintas. Uno de los casos icónicos es el de Mahmoud Hassan, quien desde sus inicios adoptó el nombre de “Trezeguet” por su notable parecido físico con el goleador francoargentino David Trezeguet.

En la tierra de las pirámides, la fascinación futbolística también alcanzó a Zico, el “Pelé blanco”, un crack brasileño que hizo escuela en todo el planeta.

Para completar el cuadro, fue un argentino, Héctor Cúper, quien dirigió a los Faraones entre 2015 y 2018 y los clasificó para un Mundial después de 28 años: una parábola que saltó de Italia 1990 a Rusia 2018.

En todos esos casos hay un guiño a la influencia de Sudamérica en la identidad futbolística de la selección egipcia, que tiene dos delanteros de enorme talento como Mohamed Salah (Liverpool) y Omar Marmoush (Manchester City).

En Egipto existe, entonces, ese aura sudamericano, con un mestizaje entre la fascinación por los goleadores instintivos, acaso letales, y aquellos futbolistas de técnica refinada y vuelo estético en cada intervención.

El delantero parecido a Trezeguet y los hermanos apodados Zico

El caso de Mahmoud Hassan es el más paradigmático. Cuando era muy pequeño, su entrenador vio similitudes en el estilo de juego y la apariencia entre ambos y lo bautizó “Trezeguet”, goleador de Francia y con un paso por River al final de su carrera.

Con el tiempo, y ya convertido el futbolista profesional, el apodo se volvió tan popular que el jugador egipcio comenzó a utilizarlo incluso en su camiseta tanto en sus clubes como en su selección.

El delantero africano tuvo un buen paso por Europa: jugó en Bélgica, Turquía e Inglaterra. En la Premier fichó en Aston Villa, en el que fue compañero de Emiliano Dibu Martínez.

Así como Mahmoud Hassan hizo propio el apodo Trezeguet, hay otra particular historia en Alejandría: la de los hermanos Mohamed y Mostafa, que pasaron a ser conocidos como “Mohamed Ziko” y “Mostafa Ziko”, debido a la admiración del padre de ambos por el astro brasileño que fue deslumbró en la selección verdeamarilla.

“Zico es mi modelo a seguir como jugador. Vi sus videos. Es mi jugador favorito. Mi padre hablaba mucho de él y veía sus videos en YouTube”, contó Mostafa Zico, el más chico de los hermanos, en una entrevista con O Globo.

La enorme particularidad fue que Pyramids, su equipo, jugó frente a Flamengo una de las semifinales de la Copa Intercontinental 2025 de la FIFA, disputada en Qatar en diciembre pasado.

Precisamente, su admirado Zico fue ícono en el Mengao, con 580 partidos en dos periodos: entre 1971 y 1983 y, después de pasar por Udinese de Italia, entre 1985 y 1989.

Con el Fla, Zico ganó la Copa Intercontinental de 1981 ante el Liverpool, una hazaña que elevó su figura a un nivel de ídolo global: muchos lo consideraban como el mejor futbolista del mundo por esos años.

Mostafa Zico, que había anotado un gol en el triunfo 3-0 sobre Auckland City, fue titular contra el equipo carioca en esa “semi” de la Copa Intercontinental 2025: los brasileños se impusieron 2-0 y pasaron a la final, en la que enfrentaron a PSG.

Héctor Cúper, otro sudamericano que influyó en el Egipto mundialista

El argentino Héctor Cúper, un exitoso entrenador que sin embargo quedó marcado por perder numerosas finales en Europa, tuvo una enorme influencia en la selección de Egipto, a la que clasificó para un Mundial después de 28 años.

Bajo su conducción, los Faraones disputaron la cita mundialista en Rusia 2018, un año después de llegar a la final de la Copa Africana de Naciones 2017, en la que perdieron con Camerún. Aquel ciclo fue uno de los más prolíficos del seleccionado egipcio en el siglo 21.

Para Cúper, aquella fue una experiencia que lo transformó completamente. “En Egipto me encontré con un mundo que desconocía totalmente, el mundo musulmán, si bien ya había trabajado en Turquía y en los Emiratos. Pero en la selección de Egipto encuentro espacio para hablar, para escuchar, para pensar, y me encontré también con algo que les gusta a muchos: la humildad. Me encontré con gente que te mira, te escucha, y eso inmediatamente te hace bajar tu vanidad”, contó en febrero de 2018 en una entrevista con La Nación.

“Egipto me ha hecho más humilde. Me hicieron sentir que ni tenía que sacar el currículum, ni levantar la voz… fue una cura de humildad. La soberbia se baja al mínimo, porque entendí que el primero que se debía adaptar era yo”.

Respecto de la clasificación al Mundial, el argentino expresó: “Son 100 millones de personas y hay 70 millones que están contentas, y 30, por ahí, que reclaman que sea más ofensivo, qué sé yo...”.

En el fondo, como bien lo expresó Cúper, el fútbol es eso: un diálogo constante entre culturas. Y en la selección egipcia esa pintura multicolor mezcla la tradición del Nilo con algunos trazos de color sudamericano.

Quiénes fueron Zico y Trezeguet, los inspiradores de los Faraones

En la historia de los Mundiales existen nombres que evocan elegancia y otros que representan la contundencia absoluta. Zico, el cerebro del “jogo bonito” brasileño, y David Trezeguet, el depredador del área, personifican dos épocas y dos estilos.

Aunque sus destinos mundialistas fueron opuestos, ambos dejaron una huella imborrable en la narrativa histórica de la Copa del Mundo.

Arthur Antunes Coimbra, mundialmente conocido como Zico, es muy probablemente uno de los mejores futbolistas de la historia entre quienes no lograron ganar la Copa. Fue el alma de la selección brasileña en los años ochenta.

Si bien debutó en Argentina 1978, alcanzó su clímax futbolístico en España 1982: hizo 4 goles y conformó un mediocampo legendario junto a Sócrates y Falcão. A México 1986 llegó lesionado y su participación fue limitada. En ese contexto, falló un penal decisivo ante Francia en cuartos de final.

A diferencia de Zico, el francoargentino David Trezeguet sí conoció las mieles del éxito máximo, aunque su relación con las finales. Con apenas 20 años, fue una pieza clave de recambio en el seleccionado galo que fue campeón como local en Francia 1998, Mundial en el que anotó 1 gol contra Arabia Saudita y un penal en la tanda contra Italia en cuartos de final.

En Corea-Japón 2002 estrelló varias pelotas en los palos y fue parte del equipo que llegó como campeón y quedó eliminado en primera ronda sin anotar goles.

Su último Mundial, Alemania 2006, dejó un sabor amargo, porque entró en el suplementario de la final contra Italia en la que el árbitro argentino Horacio Elizondo expulsó a Zinedine Zidane. En la tanda de penales, Trezeguet estrelló su disparo en el travesaño del arco defendido por Gianluigi Buffon, en una acción clave para que la Azzurra finalmente consiguiera el título.

Mientras Zico representaba la estética del fútbol que cautiva y enamora pero no siempre gana, Trezeguet simbolizaba la eficacia del goleador que vive por y para el resultado, habiendo experimentado tanto la gloria de alzar la Copa como la crueldad de que un travesaño que lo transformó en villano en una final mundialista.