La eliminación rumbo al Mundial marcó el año, mientras los clubes escribieron historias de redención
El fútbol costarricense cerró el 2025 con una mezcla difícil de digerir: uno de los fracasos más duros de su historia reciente y, en paralelo, títulos que devolvieron el orgullo a nivel de clubes. Fue un año de extremos, donde la ilusión se desplomó en la Selección, mientras el fútbol local encontró redención desde otros frentes.
El golpe más fuerte llegó donde más duele. La Selección Nacional, bajo el mando de Miguel Herrera, quedó eliminada en el camino al Mundial 2026, consumando un fracaso que sacudió los cimientos del proyecto deportivo.
La llegada del Piojo generó expectativa, ruido y un discurso de carácter inmediato, pero el proceso nunca encontró solidez ni identidad.
La eliminación no fue un accidente: fue el reflejo de decisiones apresuradas, un equipo sin continuidad y una estructura que evidenció grietas profundas.
La ausencia en la Copa del Mundo dejó una herida abierta. Costa Rica, que había convertido la clasificación mundialista en costumbre, volvió a quedarse fuera y cerró el año con más preguntas que respuestas.
El debate ya no pasa solo por el entrenador, sino por el rumbo integral del fútbol nacional.
En ese contexto adverso, la figura de Keylor Navas volvió a quedar aislada del colectivo. Tras su paso por el PSG, el histórico arquero recaló en Newell's Old Boys, extendiendo su carrera lejos de casa.
Luego la saltaría rumbo a México, en donde está actualmente con los Pumas.
Mientras la Selección se desmoronaba, su nombre seguía compitiendo en el exterior, como un símbolo de una generación que ya no pudo sostener el recambio.
Pero el 2025 no fue solo caída. En los clubes, el fútbol costarricense encontró oxígeno. Liga Deportiva Alajuelense firmó un año histórico: tricampeón de la Copa Centroamericana y, finalmente, campeón nacional, alcanzando la ansiada estrella 31 tras años de frustración.
El título no solo rompió una sequía; cerró un ciclo de ansiedad colectiva y devolvió al Morera Soto el rugido que parecía perdido.
En paralelo, Club Sport Herediano reafirmó su consistencia al proclamarse bicampeón nacional, sosteniendo un modelo competitivo que, sin tanto ruido, se convirtió en el más estable del último período. Mientras otros tambaleaban, el Team siguió sumando.
El contraste fue brutal para Deportivo Saprissa. El club más laureado del país cerró el año sin títulos, sin celebraciones y con una sensación de desgaste estructural. El 2025 marcó el fin de una etapa: salidas, replanteamientos y la obligación de cambiar de aires para no quedarse atrapado en su propio pasado.
Hubo también historias individuales que reflejan el nuevo mapa del fútbol tico.
Alonso Martínez consolidó su salida al exterior, confirmando que el talento sigue emigrando ante un mercado local que ya no retiene a sus mejores piezas por demasiado tiempo.
En el fútbol femenino, la narrativa fue completamente distinta. Liga Deportiva Alajuelense Femenino —las Leonas— dominaron el campeonato con autoridad, ampliando la brecha y consolidándose como el proyecto más fuerte del país, en una disciplina que sigue creciendo y profesionalizándose.
Así se va el 2025: con una Selección golpeada y sin Mundial, con ídolos compitiendo lejos de casa, con clubes que tocaron la gloria y otros obligados a reconstruirse desde la autocrítica.
Fue un año incómodo, intenso y revelador. Un año que obliga al fútbol costarricense a mirarse al espejo y decidir, de una vez por todas, hacia dónde quiere ir.
