BARCELONA -- El Barcelona buscará este jueves en Vallecas enlazar su décima victoria consecutiva en la Liga, alcanzar 35 partidos como invicto para ser el record absoluto del fútbol español y dar un paso más hacia un título que cada vez menos ven fuera de sus manos.
Lo hará ante un rival al que ha derrotado consecutivamente en sus últimos nueve enfrentamientos y en un campo, Vallecas, donde no pierde desde diciembre de 2002. Un estadio que ha visitado en 16 ocasiones para cosechar tres derrotas y ante un rival al que ha castigado con históricas...Y que ha marcado de alguna manera al club azulgrana.
Fue ante el Rayo Vallecano, un lejano 14 de enero de 1979, cuando el Barcelona puso en el una goleada alucinante: 9-0 con un póquer de goles de Hansi Krankl. Hasta que no apareció Messi ningún otro azulgrana cosechó tal cantidad de goles.
Pero más cercano en el tiempo, dos visitas al popular estadio rayista se entienden especiales alrededor del campeón que hoy dirige Luis Enrique. El penúltimo partido de Liga del Barça de Guardiola como visitante fue en Vallecas. El tercero de Martino fue en Vallecas. El primero, el 29 de abril de 2012, venció por 7-0 y el segundo, el 21 de septiembre de 2013 lo hizo por 0-4. Lo que siguió a ambos partidos marcó el futuro inmediato. En ambos casos. Guardiola se despidió al cabo de un mes ganando la Copa del Rey en la temporada que fue vencido por el Madrid de Mourinho en la Liga pero dejó un legado y unos elogios que permanecen por la filosofía que dejó instalada.
Lo del Tata...Martino comenzó a sufrir en Vallecas el peso del entorno. Apenas cinco jornadas de la temporada 2013-14 bastaron para que el entrenador argentino se viera en la diana. Aquel 21 de septiembre su equipo goleó...Y el Tata no comprendió que se pudiera criticar el juego azulgrana. El Barça había cedido el dominio de la pelota al Rayo, había ganado a la contra, había utilizado el balonazo largo...Un pecado al entender de muchos y una losa que comenzó a pesar sobre el argentino, quien llegó a preguntar cómo era posible que se pudiera poner en duda la brillantez de un equipo que había ganado por 4-0 en campo contrario y que sumaba cinco victorias consecutivas en el inicio de Liga.
A Martino le vino a suceder algo similar que lo sufrido muchos años antes por Bobby Robson. El problema del Tata, de fondo y al menos de entrada, fue el mismo que el del fallecido entrenador inglés. El llegó y cambió la forma de juego para ser discutido. Robson lo vivió de forma parecida. El inglés llegó al Barcelona en el verano de 1996 sustituyendo a Johan Cruyff e instauró un fútbol distinto al contemplado en el Camp Nou durante los años anteriores. Y la contestación de la grada, a pesar de las goleadas, le sorprendió. Ni Mourinho, su traductor, mano derecha y enlace con la realidad pudo explicarle cómo era posible aquella situación.
El 26 de enero de 1997 el Barcelona aplastó por 6-0 al Rayo en el Camp Nou. Al descanso se llegó con un incontestable 5-0 (marcaron Luis Enrique, Sergi, Contreras y Ronaldo por partida doble)...Y el público despidió al equipo con pitos de desaprobación. Robson se enamoró de Barcelona pero y su flema británica le sirvió para sobrevivir aquel año. Pero nunca llegó a entender la idiosincrasia del aficionado azulgrana. Al Tata le fue peor: no solo pareció no entenderla, sino que llegó en un momento a enfrentarse a ella.
El primero sigue siendo recordado con cariño alrededor del Camp Nou y del segundo se diría que se han borrado todos los recuerdos de una temporada, la 2013-14, para olvidar. Un paréntesis en la mejor época del club. Entre todos ellos Luis Enrique, a la suya. El asturiano pasa de debates y polémicas por el fútbol de su equipo. “Este Barça domina el juego igualmente pero es mucho más vertical. Puede jugar a lo que quiera” resumió en una entrevista a Sport Thomas Christiansen, futbolista azulgrana en los 90 y hoy entrenador del AEK Larnaca chipriota. La consideración del técnico hispano-danes se entiende definitiva. Este Barça puede jugar a lo que quiera.
Con una plantilla mayúscula y un plan determinado no se comprendería de otra manera.
