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Tenemos que dar gracias a LaLiga por el show que nos ha brindado: Real merece el título, Barça faltó intensidad

El fútbol es un deporte de fantasía, de ferocidad, de fracaso, de diversión y de un talento fenomenal. Por lo que cuando se ha terminado la temporada, lo normal sería ir en busca de adjetivos para apreciar la majestuosidad de Zinedine Zidane, la brillantez de Karim Benzema, la tristeza de Lionel Messi, otro proyecto de Monchi que se queda con una A+ o el relato fantástico de la manera en la que Leganés intentó desafiar todas las posibilidades y peleó como tigre ante circunstancias adversas que hubiesen atemorizado hasta a Shere Khan del "Libro de la Selva".

En vez de eso, hay algo más importante que tenemos que decir primero. Y eso es: "Gracias".

Gracias al director de La Liga, Javier Tebas, a todos los futbolistas, doctores, fisioterapeutas, miembros de mantenimiento y desinfección, ayudantes de cancha, y todas las esposas e hijos de los antemencionados... Y docenas de personas más.

En España, desde que La Liga declaró que estaban #BackToWin, hemos sido testigos de un gran espectáculo. Hemos visto habilidades sorprendentes, mucha creatividad, inventiva, mucho esfuerzo, mucha emoción y decepción que han saltado por encima de los eventos brutales, injustos y duros que en los últimos tiempos han sacudido al mundo entero a causa de la pandemia del coronavirus. Lo que ha sucedido desde que se retomó La Liga el 11 de junio hasta ahora, será recordado no con un asterisco, no por el hecho de que no hubo público, no por el hecho de que hubiesen podido cometer un enorme error de hacer un espectáculo fallido cuando todo en el mundo es tan peligroso, confuso e impredecible. El fútbol, al menos en La Liga, has sido bellísimo. Ha sido cautivador, de alta calidad, entretenido, ha valido la pena y ha sido una panacea ante el hecho de que nadie de nosotros puede estar seguro de cómo seguirá todo incluso en el futuro inmediato.

Por lo tanto, sería injusto no reconocer a las personas que nos han llevado desde donde nos encontrábamos a principios de abril, cuando se comenzó a planear un regreso hasta donde nos encontramos hoy, que hemos podido disfrutar del triunfo, el trabajo duro y el fracaso que quedará grabado en nuestros recuerdos durante mucho tiempo.

Ok, retomar el fútbol no ha sido un simple acto utilitario, generosamente proporcionado por el bien de la sociedad. Hubo enormes imperativos financieros para retomar la acción. Pero era algo improbable y traía aparejados enormes riesgos. Había un nudo gordiano en la planificación administrativa para hacer frente a los desafíos sanitarios y tecnológicos. Tebas y su staff, no sólo soñaron una revancha, sino que además usaron su información predictiva de primera clase para que los guíe en cuanto a los tiempos y modos para recomenzar. Desde que retomaron la acción, sus promesas de que todo se podía hacer sin poner en riesgo a los jugadores, técnicos, staff o fans, que quizá se podían ver tentados a moverse en masa por las periferias del estadio, han resultado ser exitosas.

El deporte que tanto amamos no sólo es altamente susceptible de errores tontos e irrisorios y enormes fracasos a los que hay que prestar atención para velar por el bienestar de todas sus partes. Pero eso también es parte de la razón por la que tanto lo amamos, con sus aciertos y errores. Por lo que la promesa de que todo iba a estar bien, venía acompañada de la posibilidad de que el fútbol se disparara un tiro a sí mismo en el pie. En esta ocasión, sin embargo, le debemos a nuestro deporte y a su gente una ovación de pie. Piénsenlo de esta manera: en un momento en el que muchos dentro de la sociedad están sufriendo un rebrote de COVID-19, cuando algunos no han sido capaces de cumplir con las normas para mantenernos a todos seguros, el fútbol ha tenido una conducta ejemplar. Casi nadie ha roto las reglas. No hubo brotes de infección. La distancia social ha sido respetada.

El cuidado con el que se trató cada sesión se ve reflejado en la salud y el bienestar de cada una de las personas involucradas. Los fanáticos de Madrid respetaron los múltiples pedidos de evitar los festejos en la Cibeles después de superar a Villarreal el pasado jueves.

Este gigante experimento en logística, biomedicina, ciencia del deporte y transmisión que en un principio pareció tan difícil de hacer realidad, se ha convertido en un ejemplo para el resto de la sociedad en cuanto a la manera de comportarse, de estar seguros, de lograr el éxito. Perdonen mi cinismo, realismo y humor cruel: las características normales del fútbol de decir que ellos "saben todo" y de hacer lo que les dé la gana, regresarán pronto. Por lo que, por ahora, celebremos.

Y una cosa más, para los que nos han dado el espectáculo televisual. Aunque seas de esos que no soportan la idea de un sonido de público artificial en los estadios vacíos, el hecho es que ha sido popular y hasta el público falso (que desaparece si los movimientos de la cámara son bruscos) ha ayudado a la experiencia visual.

Además, que vivan las ruidosas multitudes de fanáticos. Pero por el momento, los estadios vacíos han asegurado que todos ellos puedan vivir por más tiempo, por lo que esta ha sido una opción más que aceptable para el espectáculo. Y sí que lo ha sido.

Madrid ganó un título que ansiaba conseguir. Había pasado demasiado tiempo. Y, sinceramente, ni bien establecieron que esta era una de sus prioridades el pasado verano, por encima de la Champions League, pareció estar a su alcance. Pero la manera es lo que más entusiasma, no lo mucho que lo querían. Thibaut Courtois descartó sus dudas y el arquero se convirtió en una fija para quedarse con el premio Zamora por la menor cantidad de goles concedidos. Benzema jugó como si nunca hubiese escuchado hablar de Cristiano Ronaldo -- goles, asistencias, liderazgo. Clase. ¿Sergio Ramos? Bueno, una década después de que se convirtió en un campeón mundial con España, el defensor montó un gran espectáculo. Lluvia de ideas, coraje, brillo y una negativa brutal a ser derrotado. Una seguidilla de goles, justo cuando la necesitaban. La historia del regreso de Marco Asensio tras un año fuera. Todas las historias fluyeron.

En el mediocampo -- Casemiro, Luka Modric, Toni Kroos y Federico Valverde en particular - la idea fue que su deber era defender, así como también trotar por todo el campo haciendo movidas inteligentes con la pelota. Eso hizo toda la diferencia. Sino pregúntenle a Ramos y Raphael Varane y ellos se lo dirán.

Es testimonio de lo bueno y de lo duro que es mentalmente el equipo de Barcelona, que a pesar de estar muy mal manejados a nivel corporativo y después, con la llegada de Quique Setién y Eder Sarabia, a nivel técnico, se las han arreglado para mantener con vida la carrera por el título hasta el penúltimo partido. Les falta intensidad en las prácticas, pero se recuestan en el talento, no en la organización ni en la estrategia, para seguir adelante. El declive se hizo irreversible cuando Madrid comenzó a ganar sin parar.

Pero incluso en una temporada en la que su forma ha fluctuado, la genialidad de Messi llevó a los campeones reinantes hasta un punto en el que Madrid pensó que iban a tener que jugar 11 partidos con un fútbol sin fallas para poder recuperar el título. Despedir a Ernesto Valverde era una idea autoindulgente; nombrar a Setién y pensar que tenía las habilidades para manejar a Messi, Jordi Alba, Luis Suárez, Sergio Busquets y Gerard Piqué fue infantil. Los puntos que perdieron ante Sevilla, Atlético Madrid y, sobre todo, Celta Vigo, terminaron con las esperanzas de Barcelona. Pero la alineación y la derrota contra Osasuna debería terminar con las esperanzas de Setién de conservar su puesto.

Felicitaciones a Granada que con un estilo de fútbol un tanto mundano, prosaico pero efectivo, ha evolucionado en un equipo que se atreve y corre, que no sólo está en la competencia europea por primera vez, sino que además superó a Athletic Bilbao con su mayor margen ante Los Leones desde 1972 para lograr lo inimaginable. Villarreal armará un revuelo en Europa una vez más la próxima temporada. Pero las noches serán tristes, sin los fantásticos, hermosos, inspiradores y divertidos Santi Cazorla y Bruno Soriano. Adiós chicos, están hechos de buena madera y se los extrañará cuando ya no estén.

Valencia siente que se está desintegrando - incluso después de sumarse a Celta, Espanyol, Real Betis, Leganés, Alavés y Barcelona al despedir entrenadores. Para Alavés funcionó... y de maravillas. Para Celta y Betis también, mientras que ellos también evitaron el descenso. Para Leganés, Javier Aguirre casi logra lo que hubiese sido un milagro moderno. Pero... ¿el resto? Espanyol, Barcelona y Valencia quedaron con la apariencia de haber tomado decisiones por instinto que en su mayoría complicaron las cosas aún más.

Habiendo dicho eso, ¿puede que el lateral de Valencia Gonçalo Guedes haya producido el gol de la temporada? Contra Osasuna, retomando desde el poste, corrió de un extremo de la cancha al otro con derribos que lo hicieron caer, pero sólo se detuvo cuando disparó al arco.

¿O el premio debería ser para Benzema? En un partido ajustado contra Valencia en junio, un pase a Asensio por la derecha. La lanza hacia arriba con la derecha y sigue la volea al ángulo con la izquierda, una genialidad.

¿Cómo dicen? ¿No han seguido el "casi" milagro de Leganés? Perder al delantero Martin Braithwaite que se fue a Barcelona porque Dembélé se perdió la temporada, y además sin Youssef En-Nesyri, Guido Carrillo, Oscar Rodríguez hacia el final de La Liga. Una hemorragia masiva de talento que no se reemplazó, y sobre todo de goles. Pero se negaron a rendirse, superaron todas las expectativas y jugaron de manera convincente un fútbol entretenido hasta el último minuto de la semana 38, terminando a un punto de la zona segura después de aguantar ante los campeones con un empate 2-2. Me saco el sombrero ante Aguirre.

Hubo pequeños cameos sorprendentes. Mallorca fue al descenso a pesar de haber superado a Valencia, Real Madrid y Villarreal por 8-2 en total. ¿Y qué me dicen de Celta Vigo? En un período de nueve días, el club de Galicia superó a Alavés 6-0, ganó ante Real Sociedad, empató 2-2 con Barcelona y después se vio humillado por 5-1 ante... Mallorca nuevamente.

El inconformista, Lucas Ocampos, encendió la liga. Esta ha sido su mejor temporada, en un equipo de Sevilla al que se sumaron 13 jugadores senior - casi todos ellos se fusionaron bien y algunos de ellos hasta lograron brillar. Sin dudas, el director deportivo, Monchi, es un genio. Ocampos es como un caballo mesteño salvaje - indómito, peligroso, divertido y proclive a dar saltos y corretear toda la noche.

Ahora pensando en la Champions League y luego en la nueva temporada. Pero para aquellos que sienten felicidad, exuberancia, unidad y entusiasmo en este momento: tengan cuidado con lo que desean. Y tengan cuidado en no dejar que su corazón gobierne sus cabezas en términos de expectativas.

En estas instancias, la temporada pasada, Barcelona era el ganador del título. Ahora están en medio de un estado caótico entre jugadores y dirigencia, a punto de mostrar cada uno sus garras. En este mismo momento de la campaña pasada, Espanyol no sólo había conseguido entrar en la competencia europea por primera vez en eras, sino que además Borja Iglesias salió de la cancha encima de los hombros de fanáticos felices y Rubi fue admirado por todos. Ahora han descendido por primera vez desde principios de 1990, Rubi fue despedido por Betis y los goles de Borja parecen un espejismo si lo has visto moverse con pesadez en estos últimos meses.

Por lo tanto, sólo resta destacar el punto original de este artículo: gracias por traer de nuevo el fútbol, gracias a todos, sobre todos los jugadores que nos han regalado momentos geniales de entretenimiento cada tres días. Y si esta es de verdad la última campaña de Santi Cazorla, Ever Banega y Bruno Soriano en La Liga, entonces, muchachos, les decimos adiós con mucho amor y afecto. A lo largo de todas las superficies de elite españolas, han compuesto sinfonías con el fútbol más elegante, inteligente y placentero que hemos visto. Gracias por la música, Santi, Ever y Bruno. Gracias por darnos ese regalo.