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Desmitificando Rusia

El frío no es mental y mucho menos, una leyenda urbana. Es real. Tanto como las ráfagas de viento eventuales que se cruzan por nuestra terraza, mientras hacemos mi programa de ESPN, SC5. Son las dos de la mañana del lunes, bueno, ya del martes. Si los ocho grados nos parecían pocos, la sensación térmica de seis nos termina desarmando. Nos han robado el verano sin pleno aviso. Así como lo hicieron con el sábado, que se quedó colgado en alguna parte del trayecto entre México, Roma, Moscú y Saranks. Entre las millas del avión y las pocas horas decentes de sueño.

Llevamos tres días en Rusia. Suficientes para ir desmitificando al país más extenso del mundo. Con el paso de las horas se va desarmando la imagen mediática que nos ha presentado Hollywood. Si, el “chico malo” parece ablandarse conforme aprendo a decir buenos días en ruso, “Dobroe utro” y un par de frases más.

Estamos en Saranks, capital de Mordovia, a 640 kilómetros de Moscú. En el centro de la ciudad nos detiene un señor para decirnos entre ruso, y un inglés sin años de práctica, que somos bienvenidos. Nos pregunta de dónde somos, le digo que de Venezuela y me dice que ha visitado mi país y también Dominicana. Bryan García, mi productor, le dice que es hondureño, pero con nacionalidad estadounidense. Parece alegrarse de ver caras nuevas. La emoción de la expectativa del que se sabe, por primera vez, el centro de atención.

Estamos en un pueblo de 300 mil habitantes, que esperaba este momento. Su oportunidad de presentarse al mundo. Esta localidad ha despertado a los ojos del globo, de pronto en el mapa, gracias al fútbol. Gracias a Panamá que los escogió como sede, gracias a Cristiano y Portugal que desatarán la locura en la zona. Gracias a Colombia que también jugará aquí y traerá su tambor y alegría... gracias a Japón con sus visitas multitudinarias y a Perú que regresa.

Pero seguimos esperando. Porque Saranks llegó al Mundial, pero el Mundial no le ha respondido con el mismo cariño. Es como una anfitriona sentada esperando, peinada, vestida y con la mesa puesta, a sus invitados. Esos que no tardan en aparecer. Seguimos esperando la primera toma de contacto oficial con Rusia 2018, más allá de la selección del Bolillo Gómez y sus entrenamientos en el Centro Olímpico. Más allá de las tienditas de souvenirs aún sin enormes filas. Más allá de las vistas de la Arena Mordovia, que aguarda en solitario y paciente por Perú y Dinamarca, que estrenarán la obra.