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Dejando atrás Sochi

Saransk no es la misma. Nunca lo será. Comienza a recuperar tintes de verano, a relegar al pasado los 6 grados centígrados que llegaban con las ráfagas espontáneas de viento de la madrugada. Comienza a transformarse ante nuestros ojos. A dejar atrás la paleta de colores pálidos que cubre la mayor parte de los edificios de estructura soviética de los años 60 y algunos que datan del siglo XVIII e incluso XVII.

La Copa del Mundo trajo el calor. De manera literal y figurada. La temperatura va en ascenso a medida que la ciudad se llena de amarillos, azules y rojos, de la bandera de Colombia. Los de Pekerman recién debutaron aquí con derrota ante Japón. La capital de Mordovia vio también pasar una marea alegre de peruanos que iniciaron el movimiento que puso a este pueblito en el radar mundial.

Espera por los portugueses, pero sobre todo por los panameños. Con esa promesa de los canaleros de trasladar la alegría que vimos en Sochi a este pequeño poblado a 650 kilómetros de Moscú. Eso no pasará hasta el 28, cuando la selección del Bolillo enfrente en la Mordovia Arena a Túnez, en su último partido de fase de grupos.

Por ahora estamos de regreso en la más pequeña de las 11 ciudades sede de este Mundial. Dejamos atrás a las playas de Sochi y el Mar Negro. En el retrovisor quedó el debut de Panamá, que ahora sólo piensa en Inglaterra. Ya pasaron los nervios y quedó la dignidad, con la que el “Bolillo” calificó la primera toma de contacto de la “Marea Roja” con la Copa. En el panorama se presentan, en Nizhni, los ingleses y Harry Kane. Los ingleses y su peligroso balón parado, con el que castigaron a Túnez.

De eso deberá cuidarse Panamá si quiere repetir o mejorar esos primeros 45 minutos ante Bélgica. De evitar que vuelvan a aparecer las tarjetas amarillas y las faltas cerca del área. Si, nosotros dejamos atrás Sochi, pero Panamá también deberá hacer lo mismo. Deberá liberar su mente de errores y dejar espacio a los sueños. Esos que pueden traducirse en un gol, el primero en copas en su historia. Esos que comenzó escribiendo Islandia, y terminó viviendo México.