Jackson y Jordan en el mismo plano

Phil Jackson y Michael Jordan. El maestro y el discípulo vuelven a ver sus carreras entrelazadas, esta vez en el mundo ejecutivo de la NBA.

A pesar de diferencias filosóficas y de estilo, ambos comparten un insaciable deseo de superación que los llevó y los lleva a afrontar nuevos retos.

¿El legado? Siempre se puede agrandar, según sus acciones.

El martes Jackson se convirtió en la cara visible de los New York Knicks, al firmar un vínculo nunca antes visto para un ejecutivo, y afrontará la aventura deportiva más complicada de su vida.

Jordan ya lo hizo hace un tiempo, primero tomando las riendas de los Washington Wizards, y tras un breve regreso a la actividad profesional, haciéndose dueño mayoritario de los Charlotte Bobcats.
Los paralelos son varios, y demuestran la forma en la que están construidos estos dos titanes del deporte.
"Solo porque nunca has sido un ejecutivo antes no quiere decir que no puedes hacerlo", dijo Jordan. "Hace mucho que lo quería hacer y sé que lo puede hacer…siempre y cuando tenga las piezas en su lugar".

El problema es que para ambos, el trabajo resulta mucho más complicado de lo que parece, y aunque suene extraño tratándose de baloncesto, ninguno de los dos está preparado.

MJ ha sido el mejor ejemplo, y su caso es algo que se repite en la vida cotidiana a diario.

Solo porque uno tenga el conocimiento sobre algo, por más extremo que sea, no quiere decir que uno sepa aplicarlo o diseminarlo.

Esto le pasó a Jordan: primero con la elección de Kwame Brown, luego con la falta de paciencia que dinamitó la carrera del prometedor centro, y luego con su regreso fallido, pensando inocentemente que su presencia pasados los 40 años sería la solución al problema de la franquicia capitalina.

Desde entonces, el '23' tomó la decisión de comprar su propio equipo, y los resultados han sido desastrosos.

La excusa del mercado chico no es válida: San Antonio y Oklahoma City lo sufren a diario y no parece molestarles demasiado.

Sin embargo los Bobcats siguen sumergidos en la mediocridad, y no tienen a nadie a quién culpar más que a ellos mismos.

Adam Morrison, Sean May, Raymond Felton, Bismack Biyombo, Cody Zeller, Alexis Ajinca, D.J. Augustin, y Gerald Henderson han sido sus selecciones en el draft.

No todos han fracasado, pero esa lista no incluye estrellas (tampoco lo serán Kemba Walker o Michael Kidd-Gilchrist) y eso que han tenido a acceso a múltiples 'picks' en la lotería.

Su fichajes tampoco han sido efectivos, nunca se caracterizaron por su paciencia para construir, y como resultado tienen en su haber solamente una aparición en playoffs.

Si esto les suena familiar es porque es exactamente lo que han estado haciendo los Knicks desde que James Dolan tomó las riendas, con paso efímero de Larry Brown por ambas ciudades como caso emblemático.

Esa es precisamente la cultura con la que se encontrará P-Jax y una que tendrá que borrar antes de instalar su nueva forma de hacer las cosas. Esto es, además, asumiendo que la manera de Jackson en la cancha puede dar resultados desde los escritorios.

El famoso 'Triángulo', el énfasis en el equipo, el pase extra y la participación de todos es totalmente lo contrario a las características del plantel. Carmelo Anthony y J.R. Smith son la personificación de todo lo que el Triángulo aborrece.

¿Pueden triunfar los Knicks? Claro que sí, ya que en Nueva York es realmente difícil fracasar. No por nada Dolan se lleva frecuentemente el mote de peor propietario en todo el deporte norteamericano.

Los Knicks lo tienen todo: la mejor ciudad del mundo, los bolsillos llenos de dólares, la meca del baloncesto Madison Square Garden y una historia bastante virgen de títulos que elevaría a cualquier mortal que los saque campeones a un semidiós.

A eso le apunta Jackson.

El 'Maestro Zen' ya salió campeón como jugador, y si logra hacerlo como ejecutivo lograría un nivel de respeto y aclamación nunca antes visto y virtualmente imposible de duplicar.

El problema es que el ego (y los millones) lo empujan ciegamente a lo que no es más que una trampa.

Los tiempos han cambiado, el Triangulo es obsoleto, y los que mandan ahora son las estadísticas, los scouts y la paciencia.

Jackson tiene poca experiencia en esas tres categorías, y cuesta creer que pisando los 70 años se vaya a adaptar.

Jordan sigue actuando como si siguiéramos en la década del '90, y así les va a los Bobcats.

¿Podrá Phil reinventarse a esta altura del partido?

No cuenten con ello.