El delantero de Nacional, Maximiliano Silvera, vivió un clásico muy especial este domingo en la final de la Supercopa Uruguaya ante Peñarol, su ex equipo.
Silvera ingresó a los 64 minutos desde el banco de suplentes y la hinchada aurinegra le demostró su sentir al que había vestido esa camiseta hasta diciembre.
Los Carboneros silbaron con vehemencia el ingreso del atacante, y también cantaron “el que no salta es un traidor”.
El encontronazo
A poco de entrar, Silvera tuvo un encontronazo con uno de sus excompañeros, donde quedó en evidencia que la tensión de los hinchas se trasladó a la cancha.
Mientras esperaba para recibir un lateral en el área, Silvera tuvo la marca de Eric Remedi en su espalda y hubo un intercambio de manotazos que terminó con el argentino en el piso acusando un golpe.
Esto provocó que se generara un encontronazo entre varios futbolistas, con los de Peñarol increpando a Silvera, y los tricolores defendiendo a su compañero.
La chance que no pudo ser
Sobre los 35 minutos del segundo tiempo, Maxi Silvera tuvo una de las ocasiones más claras que generó Nacional. Una pelota dio en el travesaño tras un tiro de esquina, el arquero Sebastián Britos quedó en el piso y el balón le quedó a Silvera en el área. Sin embargo, cuando quiso rematar, fue bloqueado justo a tiempo por los defensores aurinegros.
A pesar de que el delantero quedó tirado reclamando un golpe, el árbitro Esteban Ostojich desestimó un posible penal.
La chicana en los festejos
Peñarol ganó la Supercopa en la tanda de penales y los jugadores festejaron con unos gorros que tenían impresa la frase: “200 veces más grandes”.
Esto fue en referencia a Silvera, que había usado esas palabras en una publicación en sus redes sociales tras un clásico cuando defendía la camiseta de Peñarol.
A su vez, los jugadores aurinegros también repitieron el cántico de “el que no salta es un traidor” cuando levantaron el trofeo en el estrado.
